Hay raíces que no se ven,
que no crecen hacia la luz,
sino hacia adentro,
buscando un lugar donde el peso no duela tanto.
Mi mundo no nació de certezas,
nació de noches donde el silencio pesaba más que las palabras,
de una habitación que aprendió a escuchar
lo que mi voz no se atrevía a soltar.
Crecí entre lo que se rompe sin hacer ruido,
entre sonrisas que se ponen como armadura,
entre el "estoy bien" que digo tantas veces
que a veces hasta yo misma me lo creo.
Mis raíces están enredadas en preguntas,
en un querer entenderme que no descansa,
en un cuerpo que sigue de pie
aunque el alma se sienta cansada.
Y aun así, aquí sigo,
sosteniendo un mundo que a veces tiembla,
porque si algo he aprendido de mis raíces
es que también se puede florecer desde la herida.
ATT: Insomnia no duerme, solo escribe.