Te amaba tanto que, aunque tú me lastimabas, muchas veces era yo quien terminaba pidiéndote perdón.
Y ahora, cuando miro hacia atrás, me pregunto cómo llegué a pensar que tenía que disculparme por sentirme herida.
Tal vez tenía tanto miedo de perderte que cualquier discusión terminaba convirtiéndose en una oportunidad para intentar arreglarlo, aunque yo no hubiera sido quien causó el problema.
Me acostumbré a buscar qué había hecho mal.
A pensar qué podía cambiar.
A revisar mis palabras.
A preguntarme si había exagerado.
Mientras tú podías seguir adelante como si nada hubiera pasado.
Y yo terminaba diciendo “perdón” solamente porque no quería que estuviéramos mal.
Porque prefería tragármelo todo antes que imaginar que podías alejarte.
Eso no significa que nunca haya cometido errores.
Claro que los tuve.
Todos los tenemos.
Pero con el tiempo entendí que reconocer mis errores no debía significar cargar también con los tuyos.
Una relación no debería convertirse en un lugar donde una persona siempre termina disculpándose por intentar expresar que algo le dolió.
Porque pedir perdón por equivocarte es una muestra de madurez.
Pero pedir perdón simplemente por tener sentimientos no debería ser necesario.
Y quizá eso fue lo que más tuve que aprender.
Que amar a alguien no significa aceptar que cada conflicto termine haciéndote sentir culpable.
Que querer mantener a una persona en tu vida no debería llevarte a desaparecer tú dentro de la relación.
Que puedes amar profundamente y aun así decir:
“Esto me lastimó.”
“Esto no estuvo bien.”
“Yo también merezco ser escuchada.”
Hoy entiendo que aquella versión de mí no era débil.
Simplemente estaba demasiado enamorada y tenía demasiado miedo de perder algo que consideraba importante.
Pero ahora sé que el amor también necesita límites.
Porque si para conservar a alguien tienes que pedir perdón cada vez que te hacen daño, entonces quizá no estás cuidando una relación.
Quizá estás intentando sostenerla a costa de ti misma.
Y yo ya no quiero eso.
No quiero volver a confundir amor con aguantar.
Ni tranquilidad con callarme.
Ni perdón con olvidarme de lo que sentí.
Te amaba tanto que muchas veces pedía perdón incluso cuando tú eras quien me había lastimado.
Hoy me quiero lo suficiente para entender que eso no debería volver a pasar.
Porque amar a alguien nunca debería costarte dejar de cuidarte a ti misma. 🤍