Quizás a ella
sí la amas,
la cubres en tu cama,
y por salvarla
juras que hasta nadas.
Pero quizás
todo sea un teatro,
una escena disfrazada
de amor y de cuidado.
La alimentas con mentiras,
le suplicas que no se vaya
y, cuando amenaza con marcharse,
tú respondes con amenazas.