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Quise darte lo q a mi me faltó

yenimiranda12

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Quise darte el amor que nunca recibiste.

Quizá por eso te entendía tanto.

Cuando me contabas tus heridas, yo no quería ser otra persona que las hiciera más profundas. Quería ser diferente. Quería que conmigo conocieras esa tranquilidad que quizá tantas veces te había faltado.

Quería demostrarte que alguien podía quedarse.

Que alguien podía escucharte sin juzgarte.

Que podías equivocarte y aun así ser querido.

Que no tenías que ganarte el cariño de alguien todos los días para sentir que merecías tenerlo.

Y mientras intentaba darte todo aquello que sentía que nunca habías recibido, poco a poco fui olvidándome de algo:

yo también necesitaba amor.

Yo también tenía heridas.

Yo también tenía miedo.

Yo también necesitaba sentir que la persona que estaba intentando cuidar de mí también quería cuidarme.

Pero me acostumbré a pensar primero en ti.

Si estabas mal, yo quería estar.

Si te alejabas, intentaba entender.

Si algo te molestaba, buscaba la manera de solucionarlo.

Si tenías un día difícil, encontraba la forma de hacerte sentir acompañado.

Y muchas veces, cuando algo me dolía a mí, lo guardaba.

Porque pensaba que quizá no era el momento.

Porque sabía que tú también estabas luchando con tus propias cosas.

Porque me decía que el amor debía tener paciencia.

Y sí, el amor necesita paciencia.

Pero también necesita reciprocidad.

Y eso fue algo que tardé demasiado en comprender.

No puedes pasar toda una relación intentando sanar las heridas de otra persona mientras las tuyas se quedan abiertas.

No puedes convertirte en refugio de alguien que nunca se preocupa por preguntarte si tú también necesitas descansar.

Y no porque esa persona sea necesariamente mala.

A veces simplemente no sabe querer de la manera que tú necesitas.

Y aceptar eso puede doler muchísimo.

Porque yo no quería que fueras perfecto.

Solo quería sentir que aquello que yo estaba dando también tenía un lugar en ti.

Quería sentir que no estaba dando amor a un vacío.

Pero llegó un momento en el que tuve que reconocer que mientras yo intentaba darte el amor que nunca recibiste, estaba empezando a recibir un dolor que nunca merecí.

Y esa fue una de las cosas más difíciles de aceptar.

Porque yo había entrado a tu vida queriendo hacerte bien.

No imaginaba que terminaría teniendo que aprender a recogerme después de haberte querido tanto.

Durante un tiempo me pregunté si había hecho algo mal.

Si había amado demasiado.

Si había dado demasiado.

Si había esperado demasiado.

Pero después entendí que el problema no fue haber querido bonito.

El problema fue creer que si yo daba suficiente amor, algún día recibiría el mismo de vuelta.

Y el amor no funciona como una deuda.

No puedes entregar cien veces lo que te gustaría recibir esperando que, en algún momento, la otra persona entienda que ahora le toca darte lo mismo.

A veces das todo lo que tienes y aun así la otra persona no puede corresponderte.

Y eso no significa que tu amor haya sido insuficiente.

Simplemente significa que no era correspondido de la manera que necesitabas.

Hoy, cuando pienso en todo aquello, ya no quiero arrepentirme de haberte querido.

Porque sé desde dónde lo hice.

Te quise porque sabía lo que era sentirse poco querido.

Te cuidé porque sabía lo que dolía sentirse solo.

Te entendí porque yo también había necesitado que alguien me entendiera.

Pero ahora sé que no puedo seguir dando a otros el amor que yo misma necesito aprender a darme.

No tengo que salvar a nadie para demostrar que sé amar.

No tengo que soportar dolor para demostrar que mi amor es verdadero.

No tengo que quedarme en lugares donde siempre estoy intentando comprender a alguien que nunca intenta comprenderme a mí.

Y quizá esa sea la parte que más quiero recordar.

Que tener un buen corazón no significa entregárselo a cualquiera hasta quedarte sin nada.

También tengo derecho a recibir.

A ser escuchada.

A ser cuidada.

A sentirme importante.

A no tener que pedir constantemente aquello que estoy dando de manera natural.

Yo quise darte el amor que nunca recibiste.

Y aunque al final me quedé con un dolor que no merecía, también me llevé una lección que necesitaba aprender:

no puedo amar a alguien olvidándome de mí misma.

Porque yo también merezco ese amor que tantas veces intenté regalarle a los demás.

Y esta vez, quiero empezar por mí.

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