Estoy enamorada del recuerdo de una tú,
de aquella que veía todos los días,
de la que dependía de mí como si mi presencia
fuera un refugio seguro,
de la que me acompañaba en cada instante,
llenando mis silencios con su voz,
llenando mis vacíos con su risa.
Estoy enamorada de una tú
que me conocía mejor que yo misma,
que sabía leer mis gestos,
descifrar mis miedos,
y aun en los momentos más oscuros
tenía la llave para devolverme la luz.
De una tú que era parte de mi rutina,
como el aire que respiraba,
como el latido que nunca falla,
como la certeza de que al final del día
siempre habría un abrazo esperándome.
Pero sé que el tiempo pasa,
que las cosas cambian,
que la distancia nos transforma en sombras
de lo que alguna vez fuimos.
Sé que ahora somos casi desconocidas,
que ya no me miras con la misma urgencia,
que ya no me necesitas como antes,
que ya no eres la de antes…
y yo tampoco soy la misma.
Y sin embargo, me aferro al recuerdo,
a esa versión de ti que aún vive en mí,
a esa imagen que me acompaña
cuando la soledad me pesa demasiado.
Porque aunque el presente nos aleje,
aunque el futuro nos borre,
hay una parte de mí que insiste
en amar a esa tú del pasado,
como si al hacerlo pudiera detener el tiempo,
como si al hacerlo pudiera recuperarnos.