Los problemas me persiguen,
los míos, los de mi amiga,
los de toda mi familia.
¿Qué le pasa a la Argentina?
¡Qué quilombo lo de Francia!
El niño, la niña, no alcanza la plata,
vamos al banco a ver qué pasa,
mientras la incertidumbre se instala en casa.
¿Qué pasa en mi cabeza?
¿Qué pasa en el sistema?
Ambos me condenan,
¿cuál me castiga con menos pena?
¡Qué pena mi vida!
Lo que digo parece mentira:
canjeo tortas por tatuajes
mientras mi templo se parte.
Un día estamos y al otro no,
como el cura al que el templo se le partió.
Avalanchas de emociones,
nieve sin frío, lluvias como castigo,
¿cómo se supone que conviva conmigo?
Los días no ayudan, la tristeza no afloja,
¿quién consuela a las nubes cuando el cielo se moja?
Ropa sin lavar, zapatos que no logro llenar,
palabras sin respirar que no consigo acomodar.
Palabras sueltas, ¡cuánta falta de estrategia!
Parecido al gobierno, que no encuentra la receta.
Tantos problemas, ninguna respuesta,
y la paciencia se agota mientras la vida protesta.
¡Qué quilombo todo!
Mi pieza, mi cabeza,
el país que sentencia,
la angustia que no cesa.
¡Qué hermosa mi Argentina!
Lástima cómo la arruinan.
Se parece a mi pelo,
que sufre los castigos de cada desvelo.