Las relaciones son tan raras.
Imagínate que alguien te dice que te ama mientras, al mismo tiempo, está haciendo cosas que destruyen por completo la confianza que existe entre los dos.
Y creo que eso fue de las cosas que más me costó entender.
Porque yo siempre pensé que cuando alguien decía “te amo”, esas palabras tenían que venir acompañadas de una manera de actuar que las hiciera verdaderas.
Para mí, amar también era cuidar.
Era respetar incluso cuando la otra persona no estaba presente. Era pensar en cómo podían afectar mis decisiones a alguien que confiaba en mí. Era entender que querer a una persona no me daba permiso para lastimarla y después esconderlo detrás de unas palabras bonitas.
Pero aprendí que no todos entienden el amor de la misma manera.
Hay personas capaces de decir “te amo” y, aun así, hacer cosas que contradicen completamente lo que están diciendo.
Y lo más doloroso no es solamente descubrir lo que hicieron.
Es recordar todas las veces que escuchaste esas palabras y las creíste.
Yo las creí.
Creí en los mensajes, en las promesas, en los momentos bonitos. Creí que detrás de un “te amo” existía la misma sinceridad que había detrás del mío.
Y cuando descubrí la verdad, empecé a preguntarme si alguna vez había significado lo mismo para esa persona.
Quizá sí sintió cariño.
Quizá sí hubo momentos en los que me quiso.
Pero también entendí que sentir algo por alguien no siempre significa saber amar correctamente.
Porque para mí el amor no puede existir separado del respeto y de la honestidad.
Y aunque me costó muchísimo aceptarlo, entendí que no tenía que quedarme intentando descifrar cómo alguien podía decirme que me amaba mientras hacía cosas que me lastimaban.
No necesito encontrar una explicación que haga que todo tenga sentido.
A veces simplemente hay personas que dicen palabras que todavía no saben sostener con sus acciones.
Y quizá esa fue una de las lecciones más difíciles que me dejó aquella historia:
que ya no quiero enamorarme solamente de lo que alguien me dice que siente.
Quiero mirar cómo me trata cuando nadie lo está obligando.
Porque decir “te amo” puede tomar segundos.
Lo difícil es vivir de una manera que haga que esas palabras sean verdad.