Ese miedo de él, que ella lo vuelva un mejor hombre pero ya otro, me trajo a Manzanero con Contigo aprendí, puro agradecimiento por lo que el amor le enseña a uno. Acá el muchacho tiene esa misma lección delante y le da pánico, porque no sabe si le va a gustar el que salga de ahí. Y termina pidiéndole a Rachel que lo abrace sin contarle nada, que es lo más de bolero del capítulo, el que más quiere se calla.
Profundo Rio Carmín parte 3
Pensamiento
Ese miedo de él, que ella lo vuelva un mejor hombre pero ya otro, me trajo a Manzanero con Contigo aprendí, puro agradecimiento por lo que el amor le enseña a uno. Acá el muchacho tiene esa misma lección delante y le da pánico, porque no sabe si le va a g
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Antiguamente había una época de gran idealismo que rodeaba el corazón de nuestras calles. Quiero regresar a ese tiempo en el que ella me miraba y sonreía bajo la mañana, en el retoño del alba, en un amanecer cuya neblina rodeaba su hermoso rostro angelical como pinceladas en una pintura impresionista, mientras el cielo de un sol color ruborizantemente rosa celestial nos abrazaba y cobijaba en un idilio de amor.
Estaba parado en el pórtico observándola, mientras ella me sonreía como ninguna mujer jamás me había sonreído en la vida, enamorándome con esos labios carmín que destacaban en su hermosa piel de porcelana, mostrando así sus dientes para regalarme su auténtica esencia en una sonrisa. Me acerqué a acariciar su rostro, le retiré el cabello de su mejilla y lo llevé lentamente detrás de su oído para que se sostuviera. La miré a los ojos y me fugué perdidamente en ellos; de manera instintiva busqué sus labios carnosos, que pedían desesperadamente que la besara. Antes de llevar a cabo tan seductor deseo, la miré a los ojos y desbordé mis sentimientos diciéndole:
—En verdad, jamás he conocido a una mujer más bella y bondadosa que tú. Te amo por tu bondad, que se refleja en tu delicado rostro.
La besé lentamente y ella correspondió sus labios con los míos para recorrer nuestras lenguas en el silencio, con un palpitante corazón que nos unía a ambos como un único ser platónico, le desnude el hombro para acariciarle la piel sentí como el calor de su cuerpo se encendio en una marea de pasión.Nuestra vida parecía una ensoñación divina, una aventura que quería que jamás terminara. Me enamoré de una pícara mujer cuyas sagaces bromas revelaban su apasionada rebeldía juvenil; no buscaba dañar, sino defenderse de la falta de sensibilidad y tacto que atentaban contra su bondad. Ella me amaba y yo la amaba más allá de su apariencia; podía ser auténtico, real, libre y pasional, casi imaginativo, como si perteneciéramos a una dramática novela rosa, pero sin la vulgaridad de una entusiasta y déspota falsa parafernalia.
No lo nuestro era real auténtico amor nada descrito nunca antes y si algo estuviera escrito o plasmado en su semejanza debería ser por apropió de una simple casualidad.
¿Qué miraba ella en mí? Realmente no lo sé, pero parecía que poseía mi auténtico ser atrapado en sus ojos avellana, una persona a la cual yo no podía acceder y solo ella lograba hacerlo. Ella me conocía más allá de mí; sentía que me veía como algo que no era, pero en lo que podía transformarme. Sin embargo, temía perderme, transformarme en alguien más... Siempre había temido ser comparado con alguien que no soy, pero era extraño, ambiguo: ella me transformaría en un mejor yo, pero finalmente en otra persona...
—Rachel —Amor mío, ¿en qué piensas que te perturba esta mañana?.
No podía envenenarla con mis dilemas existenciales; no quería perturbarla con mis pensamientos de poeta trágico, así que simplemente sonreí.
—No es nada, amor mío.
Pero ella sabía que mentía, lo veía en sus ojos.
—No mientas, dime: ¿qué es lo que te pasa? Te conozco y tus ojos me dicen lo contrario.
Me ahogué en su sutil mirada. ¿Cómo puede un hombre sufrir trágicamente en el amor si es cuando más intensamente se vive? Pero es que no me siento suficiente para ella. ¿Qué pasará cuando todo se acabe? ¿En qué me transformaré, y esa transformación me gustará?
El pánico se apoderado de mi cuerpo, asustado y víctima de mis pensamientos lo único que pude hacer es buscar en ella un refugio, como un niño que busca la protección de su madre.
—Querida, abrázame. No dejes de abrazarme.
Thoughts
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PermalinkChe, Rachel le pregunta dos veces qué le pasa y él le dice que nada. Si esto se rompe, la culpa no va a ser de ella, que se lo vio venir en los ojos.
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PermalinkEse miedo de él, que ella lo vuelva un mejor hombre pero ya otro, me trajo a Manzanero con Contigo aprendí, puro agradecimiento por lo que el amor le enseña a uno. Acá el muchacho tiene esa misma lección delante y le da pánico, porque no sabe si le va a gustar el que salga de ahí. Y termina pidiéndole a Rachel que lo abrace sin contarle nada, que es lo más de bolero del capítulo, el que más quiere se calla.
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