¿Por qué la tristeza llora y la luz se mantiene intacta, tan limpia, tan obscenamente perfecta?
Vivimos con la excusa perfecta, buscando siempre a quién culpar de nuestra propia miseria. Nos encanta señalar a la oscuridad como el origen de todos los males, como si las tinieblas tuvieran la culpa de las decisiones torcidas y de la cobardía diaria. Rechazamos la noche porque ahí, en el silencio, se esconde lo peor de uno mismos. Y tienen razón en algo: es cierto. Ahí es donde vamos a vomitar toda la porquería cuando nadie nos ve.
Ahí arrojamos las traiciones que callamos frente al espejo, las ambiciones mezquinas que pisotean a otros, los rencores que cultivan con paciencia manipuladora, todo lo que nos quiebra por dentro hasta dejarnos reducidos a cáscaras vacías.
Entonces, les pregunto directo, sin rodeos: ¿es mala la oscuridad de verdad?
Piénsalo un segundo. Si la oscuridad fuera el monstruo destructivo que tanto temen y critican para sentirse salvadores, ya nos habría devuelto el golpe. Ya nos habría vomitado nuestra propia podredumbre directamente en la cara, obligándonos a tragar cada gramo de mierda que segregamos. Nos habría ahogado en nuestro propio veneno hasta dejarnos sin pulso, asfixiados por la bilis de nuestras propias miserias acumuladas.
Pero no lo hace.
La oscuridad aguanta el peso. Absorbe en silencio absoluto cada bajeza. Camuflajea lo peor de nosotros, traga nuestros desperdicios emocionales y sostiene nuestros instintos más putrefactos, todo para que podamos seguir caminando de pie por el mundo, fingiendo una decencia que no nos pertenece. Es el único contenedor lo suficientemente fuerte como para soportar la basura que se supuran.
Por eso la tristeza llora; porque sabe lo que carga, porque sostiene el peso muerto de lo que todos ellos entierran a escondidas para mantener limpias sus manos. Y a esta sociedad de hipócritas les enseñaron exactamente eso: a repudiar al único refugio real que tienen, a escupirle a la mano que absorbe su veneno en lugar de aprender a abrazar la única verdad que los sostiene de pie sin colapsar.
¿Qué van a hacer cuando se reconozcan en el espejo?