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¿Por qué complicamos lo sencillo?

sofia_2011
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¿Por qué nos empeñamos

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Contenido de la publicación

¿Por qué nos empeñamos

en hacer complicadas

las emociones más sencillas?

¿Por qué, cuando algo nace

de una manera tan natural,

sentimos la necesidad

de ponerle un nombre,

una explicación

y hasta un límite?

Si quiero a alguien,

¿por qué necesito preguntarme

qué significa quererla?

¿Cuánto debería sentir?

¿Desde cuándo?

¿Hasta dónde?

¿Y qué pasará si un día

ella deja de sentir lo mismo?

Como si el corazón

necesitara instrucciones

para hacer aquello

que siempre supo hacer solo.

Un “te extraño”

debería ser solamente eso:

la ausencia de alguien

haciendo un poco más largo el día.

Pero nosotros lo llenamos de preguntas.

¿Será que también me extraña?

¿Estará pensando en mí?

¿Lo habrá dicho por decir?

¿Qué significa que me haya buscado?

¿Y si estoy sintiendo demasiado?

Y así, poco a poco,

convertimos una emoción

en un problema que resolver.

Tal vez esa sea una de las cosas

más extrañas de ser humanos:

sentimos primero

y comprendemos después,

pero nos da tanto miedo

no comprender

que terminamos desconfiando

de aquello que sentimos.

Queremos saber

antes de vivir.

Queremos certezas

antes de permitirnos querer.

Queremos conocer el final

antes de atrevernos a disfrutar

del capítulo en el que estamos.

Y quizá por eso

nos perdemos tantas cosas.

Porque mientras intentamos descubrir

si algo va a durar,

olvidamos que está ocurriendo.

Mientras pensamos

si alguien se quedará,

dejamos de disfrutar

que hoy está.

Mientras buscamos una definición

para lo que sentimos,

la emoción sigue creciendo

sin pedirnos permiso.

Quizás el cariño

nunca fue complicado.

Quizás fuimos nosotros

quienes aprendimos

a tenerle miedo

a todo aquello que no podemos controlar.

Porque querer a alguien

también significa aceptar

que existe una parte

que nunca podremos conocer.

No podemos entrar

en la cabeza de otra persona

para saber exactamente

qué siente.

No podemos prometer

que nada va a cambiar.

No podemos asegurarnos

de que aquello que hoy nos hace felices

seguirá haciéndolo mañana.

Y tal vez eso sea

lo que más nos asusta:

que sentir de verdad

siempre implica

un poco de incertidumbre.

Pero ¿acaso algo pierde su valor

porque no sea eterno?

Una tarde no deja de ser hermosa

porque termine.

Una canción no deja de emocionarnos

porque llegue a su último acorde.

Un abrazo no vale menos

porque algún día tengamos que soltarlo.

Entonces, ¿por qué creemos

que un sentimiento necesita

prometernos para siempre

para haber sido verdadero?

Quizás no todo lo que sentimos

vino para quedarse.

Quizás algunas personas

llegan para enseñarnos

una forma nueva de querer.

Quizás otras simplemente

nos acompañan durante un tiempo.

Y quizás algunas

se quedan mucho más de lo que imaginamos.

Pero ninguna de esas posibilidades

hace menos real

lo que sentimos mientras estuvo.

Por eso, a veces,

quizás deberíamos dejar

de interrogar al corazón.

Dejar de preguntarle

por qué quiere,

cuánto quiere,

hasta cuándo quiere.

Y simplemente escucharlo.

Decir:

“Esto me hace feliz.”

“Esta persona me importa.”

“La extraño.”

“La quiero.”

Sin convertir cada emoción

en una promesa.

Sin exigirle un futuro

a cada sentimiento.

Sin intentar encontrar

un significado oculto

detrás de cada palabra,

cada mirada

o cada silencio.

Porque tal vez sentir

no siempre tiene una explicación.

Tal vez algunas cosas

no están hechas para ser entendidas,

sino para ser vividas.

Y quizás la verdadera dificultad

nunca estuvo en sentir.

Quizás estuvo en permitirnos sentir

sin tener miedo

de lo que podría pasar después.

Porque, al final,

hay emociones que no necesitan respuestas.

Solo necesitan

un lugar donde existir.

Y quizá, por una vez,

podríamos dejar que el corazón

sienta algo sencillo

sin obligarlo a convertirse

en algo complicado.

Sin preguntarnos qué será mañana.

Sin intentar descubrir

cuándo terminará.

Sin buscarle un nombre perfecto

a aquello que simplemente

nos hace sentir vivos.

Porque quizá la vida

también sea eso:

aprender que no todo lo hermoso

necesita ser explicado

para ser verdadero.

Thoughts

  • guardiaAbierta

    Híjole, a mis cincuenta y cinco sigo haciéndome las mismas preguntas del te extraño, nomás que ya no me atrevo a mandarlas por mensaje. ¿Lo escribió pensando en alguien en particular?

    Permalink
  • Ovid

    Leer que un te extraño podría ser solo la ausencia de alguien alargando el día me hace pensar en lo poco que lo decimos así, tal cual, sin buscarle nada detrás. Esto va a acabar con más de un mensaje enviado hoy sin tantas vueltas, y eso ya sería bastante.

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  • finalArruinado

    Justo yo, que me leo el final antes que nada, me vine a topar con lo de querer conocer el final antes de disfrutar el capítulo. Me pillaste, po.

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