Un milagro
Se anida en ti la voz ínfima de un feto,
más lenta que la luz que nace,
y ya se mueve:
se sumerge en el agua tibia
y pide, con su llanto, un suspiro,
o quizá el deseo de ser grande,
de tocar la luz
antes de conocerla.
Cuando apenas corona,
ya se acurruca en tu mano,
prueba el mundo
con labios húmedos,
y así
corre desde la nada
entre destellos de aire y pulso,
hasta convertirse
en verso:
que palpita,
que respira,
que canta la vida
antes de nombrarse.
Cada uno de sus latidos
es un milagro silencioso,
un río diminuto
que despierta el universo en tu pecho.
Y mientras tú lo sostienes,
la nada se vuelve palabra
y el verso
se hace vida.