No vengas a buscar refugio en este muro.
Porque el cemento con el que estoy hecho
sólo sabe soportar techos que se caen,
no caricias que estorban.
Eres el caos que camina sin pedir permiso,
la grieta exacta donde la estructura cruje
y, por más que me empeñe en mantener la escuadra, consigues descolocarme hasta los cimientos.
Qué absurdo este oficio de aguantar el peso del mundo
mientras tú te empeñas en dinamitarlo todo
con una sola mirada de soberbia intacta.
Sigue rompiéndome, si quieres.
Al menos, entre tanto escombro y tanta ruina, eres lo único que vale la pena sostener.
E. C. D. S.