Y dime padre, ¿por qué debería disculparme?
¿Por haber callado por tanto tiempo o por haber hablado más de la cuenta? Jamas supe como entender tus indicaciones. Aveces querías que hablara más pero cuando lo hacía te asustabas. Me tenias miedo. Y yo no quería que me temieras, papá. Queria tu comprensión, tu amor. ¿Donde está? ¿Acaso debo disculparme por ser codicioso y querer más de tu amor cuando quiza me dabas todo el que tenias a tu alcance? ¿Deberia disculparme por esperar, en silencio, pero siempre esperar una recompensa de parte de alguien que no me quería hablar? ¿Donde estaban tus palabras de aliento cuando las necesitaba? ¿tu también me necesitaste, padre? No, no puedo abrazarte ahora. Me asusto. ¿Acaso hice algo mal? ¿Que fue eso que hice bien para ganarme esto?
Jamas entendí la parabolita esa del hijo prodigo. Me costaba. El tipo se iba y volvía luego de haber menospreciado al padre y a su dinero pero este le recibia con toda la emoción de la vida e incluso cocinaba lo mejor solo para el. ¿Pero y el que estuvo siempre ahí? ¿Y yo que siempre estuve siempre ahí, papá? ¿No merezco las mejores comidas o los mejores cumplidos? Quiza por eso debería disculparme, quizá siempre hice todo buscando una recompensa de tu parte. Quizá me entusiasmé mucho de bebé cuando me dabas dulces por hacer cualquier cosa. ¿Por qué ahora eres tan exigente, padre?
¿Deberis disculparme por alzarse la voz aquel verano que ya ninguno recordamos? ¿Deberia pedir perdón por exigir lo que consideraba justo y apropiado para mi propio bienestar? Lo lamento, padre. Quiza solo tu sabes eso. ¿O no? Quiza debía pedir perdón por ponerte siempre en tela de juicio. Quiza debería pedir perdón por simplemente no ser el hijo que querías. ¿Pero como iba a saber yo que hijo querías? Luché por años intentando alcanzar la perfección utópica de un hijo perfecto y ahora te tengo miedo. Porque podrías ver mis errores y regañarme. Porque podrías ver que todo lo cree es falso. Todo es falso. Yo soy falso.
Pero dime, ¿por qué debería pedir perdón?