Quisiera gritar, correr, llorar, sin embargo aunque lo intente no puedo... Me siento un títere, carente de fuerza y valor.
Después de varios intentos por salir de este agujero, me rendí, simplemente me consterne, me dejé caer, hundirme en el pozo.
¡Lo intenté! Juro que lo hice, más topé con un muro hecho de heridas, golpes, palabras y ¡traumas!... Que, me retuvo, un rehén de su propia mente.
Cicatrices invisibles adornan la mente, atroces pesadillas las cuales me persiguen en la noche, fracasó estrepitosamente al anhelar huir de ellas.
Evitó el acto de pensar, vacío por fuera, muerto por dentro, perdí la voluntad de seguir luchando... Soy un muñeco inerte, carente, sin vida.
Me pierdo en mi mente, irónico es ya que no tengo nada en ella, ni un solo recuerdo o pensamiento, cada día caigo más y más en un ataúd.
Me miro al espejo, sin saber quién soy; voces gritan con odio lo desagradable que soy, eludo el reflejo, como un ciego ignora su corazón cual añorante de amor.
Soy una pobre alma... vagando por las calles abarrotadas de gente, sin embargo, sin estigma, ni engaño. Seré aquel chico raro, aquel rechazado a quien abandonaron.
Falto de consuelo... en cambio quisiera gritar a todos, decirles en un alarido: en absoluto necesito de su falsa compasión, ya no soy aquel niño manipulado y rechazado.
Fue suficiente de ese pobre destrozado, anónimo del rincón, bastante del crío del cual se reían, del cual como cuervos carroñeros de los fragmentos de su alma se agasajaban sin misericordia.
Se acabó la pena y gloria, ese indefenso chico, hoy es ni más, ni menos un zombi viviente, actualmente se odia porque no soporta ese espejismo... Vive por vivir, evita el motivo de gozar.
En él no abunda la esperanza, mucho menos la justicia o el sentido de esta... en su cabeza carece de una puerta con el letrero de "Salvación" porque simplemente es y será inexistente.