Ya pues, Jeongin y Hyunjin escribiéndose a primera hora me tienen de su lado. Los dos se quedan con la mano en el pecho sin contarse el sueño, y en esta vida les toca hablar claro antes de que el hilo los separe otra vez. Y el largo así está bien, se me pasó volando.
Parte 7. Lo que el tiempo no se llevó
Pensamiento
Ya pues, Jeongin y Hyunjin escribiéndose a primera hora me tienen de su lado. Los dos se quedan con la mano en el pecho sin contarse el sueño, y en esta vida les toca hablar claro antes de que el hilo los separe otra vez. Y el largo así está bien, se me…
Contenido de la publicación
La llave seguía sobre el escritorio de Christopher.
Llevaba casi veinte minutos mirándola, como si en algún momento fuera a revelar por sí sola el significado de las palabras grabadas en su superficie.
Para cuando los ocho recuerden.
Y aquella otra advertencia, escrita en el papel que había encontrado junto a ella:
No confíes en el primero.
Christopher había leído ambas frases tantas veces que empezaban a parecerle absurdas. Sin embargo, cada vez que intentaba guardarlas, algo dentro de él se resistía.
No sabía qué significaba que fueran ocho.
Tampoco sabía quién había dejado aquella llave ni por qué la mujer de la librería había reaccionado de aquella manera cuando lo vio.
Pero había algo que no podía ignorar.
Ella no había parecido sorprendida al verlos.
Había parecido preocupada.
Como si su presencia confirmara algo que llevaba mucho tiempo temiendo.
-Vas a terminar haciendo un agujero en el escritorio si sigues mirando así.
Christopher levantó la cabeza.
Han estaba apoyado en el marco de la puerta, con dos vasos de café en las manos.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-El suficiente para preguntarme si estás intentando hipnotizar una llave.
Christopher apartó la mirada del objeto.
-¿Qué quieres?
-Traerte café. Y comprobar que no hayas decidido convertirte en un detective solitario que desaparece durante tres días y deja una nota dramática.
-No soy así.
-Todavía.
Han entró en la habitación y dejó uno de los vasos a su lado. Después se fijó en los papeles.
Su expresión cambió.
-¿Es lo que encontraste ayer?
Christopher asintió.
Han leyó las dos frases en silencio.
-Ocho -murmuró-. Nosotros somos ocho.
-Lo sé.
-¿Crees que se refiere a nosotros?
-No tengo otra explicación.
Han volvió a mirar la llave.
-¿Y lo de no confiar en el primero?
-Eso es lo que no consigo entender.
-Podría referirse a la primera persona que recuerde.
Christopher alzó los ojos hacia él.
Han se encogió de hombros.
-No me mires así. Solo estoy diciendo que, si alguien ha escrito que debemos esperar a recordar algo, quizá exista una razón para advertirnos sobre quién lo hará primero.
Christopher no respondió.
Porque había pensado exactamente lo mismo.
Y porque, en algún rincón de su memoria, aquella frase le provocaba una sensación desagradable.
No era un recuerdo completo. Ni siquiera una imagen.
Era la certeza de haber escuchado una advertencia parecida antes.
En otro lugar.
En otro tiempo.
-Han -dijo finalmente-, ¿alguna vez has sentido que recuerdas algo que nunca te ha pasado?
Su amigo frunció el ceño.
-¿Como cuando estoy convencido de haber estudiado para un examen y luego descubro que no he abierto el libro?
-Estoy hablando en serio.
Han dejó de sonreír.
-A veces.
Christopher esperó.
-No sé cómo explicarlo -continuó Han-. Hay momentos en los que escucho una melodía o veo un lugar y siento una tristeza que no tiene sentido. Como si estuviera echando de menos algo, pero no supiera qué es.
-¿Te ha pasado últimamente?
Han tardó demasiado en contestar.
-Sí.
-¿Qué has visto?
Han miró la llave una vez más.
-Un pasillo. Alguien corriendo. Y una voz que me pide que no abra una puerta.
Christopher sintió que se le helaban las manos.
-¿Quién te lo pide?
-No lo sé.
Han se frotó la nuca, incómodo.
-Lo raro es que, cuando intento recordar su rostro, siempre veo a alguien de espaldas. Pero estoy seguro de que conozco a esa persona.
Christopher no insistió.
No quería decirle que, desde la noche anterior, él también soñaba con una voz que pronunciaba su nombre como si llevara años esperando encontrarlo.
En cambio, guardó la llave en un cajón.
-Todavía no les contemos nada a los demás -decidió-. Primero necesitamos entender qué está pasando.
Han asintió, aunque su expresión indicaba que tenía tantas preguntas como él.
Ninguno de los dos sabía que, en ese mismo momento, otra persona estaba despertando con el recuerdo de una despedida que no pertenecía a esta vida.
——————————————————————
Jeongin despertó antes de que sonara la alarma.
Tenía el corazón acelerado y la extraña sensación de haber llorado mientras dormía.
Se incorporó lentamente.
Su habitación estaba exactamente igual que siempre: los libros apilados junto al escritorio, la ropa que había dejado sobre una silla y la luz tenue que se filtraba entre las cortinas.
Nada parecía fuera de lugar.
Sin embargo, todavía podía sentir el frío de unas piedras bajo sus pies descalzos.
Podía escuchar el viento entre los árboles.
Y recordaba una mano aferrándose a la suya.
Una mano que no quería soltarlo.
-No te vayas.
La voz seguía resonando en su cabeza.
Jeongin cerró los ojos.
Había alguien delante de él. Un chico de cabello oscuro, con el rostro parcialmente oculto por las sombras. No podía distinguir sus facciones, pero sí la expresión de sus ojos.
Desesperación.
Miedo.
Y un cariño tan profundo que le dolía incluso después de despertar.
-Esta vez, quédate conmigo.
Jeongin abrió los ojos de golpe.
La habitación volvió a aparecer a su alrededor.
Se llevó una mano al pecho, intentando calmarse.
¿Por qué aquellas palabras le resultaban tan familiares?
No había nadie en su vida a quien recordara haberle prometido algo semejante. No había ninguna despedida que explicara aquella tristeza.
Y, aun así, la sensación de haber abandonado a alguien era insoportable.
Buscó su teléfono.
No sabía por qué, pero quería escribirle a Hyunjin.
Abrió la conversación y contempló el nombre durante unos segundos.
Finalmente, escribió:
Jeongin: ¿Alguna vez has tenido un sueño que te deja triste incluso después de despertar?
No esperaba una respuesta inmediata.
Por eso, cuando el teléfono vibró casi enseguida, sintió que algo se le encogía en el pecho.
Hyunjin: Sí.
Jeongin se sentó más derecho.
Jeongin: ¿Qué soñaste?
Esta vez, Hyunjin tardó en responder.
A varios kilómetros de distancia, él también estaba sentado en su cama, con una mano apretada contra el pecho.
Porque acababa de recordar un rostro.
No con claridad.
No lo suficiente para saber si era realmente Jeongin.
Pero había reconocido la forma en que aquella persona lo miraba.
Como si él fuera el único lugar al que todavía podía regresar.
Hyunjin escribió una respuesta y la borró.
Volvió a escribir.
Hyunjin: No recuerdo todo. Solo sé que estaba buscando a alguien.
Jeongin sintió un escalofrío.
Jeongin: ¿Lo encontraste?
Hyunjin contempló la pantalla.
La imagen de su sueño regresó: un jardín, una luz rojiza entre los árboles y una figura que se alejaba de él.
Recordó que había intentado alcanzarla.
Recordó que había gritado.
Y recordó el dolor de no recibir respuesta.
Hyunjin: No lo sé.
Jeongin apretó el teléfono entre los dedos.
Por alguna razón, aquella respuesta le dolió más de lo que debería.
Jeongin: Espero que sí.
Hyunjin leyó el mensaje dos veces.
Después escribió:
Hyunjin: Yo también.
Ninguno de los dos mencionó el sueño durante el resto de la mañana.
Pero ambos se quedaron con la misma pregunta.
¿Qué clase de persona podía echar de menos a alguien a quien apenas estaba empezando a conocer?
——————————————————————
Lee Know no creía en las coincidencias. O, al menos, eso era lo que decía.
La verdad era que llevaba años desconfiando de cualquier cosa que no pudiera explicar. Le gustaba tener respuestas, ordenar los hechos y encontrar una lógica incluso cuando los demás ya se habían rendido.
Por eso le molestaba tanto lo que estaba ocurriendo.
Se encontraba en la cocina cuando Felix entró, todavía medio dormido, y abrió el refrigerador.
-¿Has vuelto a soñar con eso? -preguntó Felix.
Lee Know dejó la taza sobre la mesa.-¿Con qué?
Felix lo miró por encima de la puerta del refrigerador.
-Con lo que sea que no me estás contando.
-No sé de qué hablas.
-Claro.
Felix sacó una botella de agua y se sentó frente a él.
-Llevas tres días despertándote antes del amanecer. Ayer te quedaste mirando una fotografía durante tanto tiempo que tuve que preguntarte dos veces si estabas escuchándome. Y anoche dijiste un nombre mientras dormías.
Lee Know se quedó inmóvil.
-¿Qué nombre?
-No lo entendí bien.
-Felix.
-Parecía que decías «Seungmin».
El silencio cayó entre ambos.
Lee Know apartó la mirada.
No podía explicarlo.
Seungmin era su amigo. Lo conocía desde hacía tiempo, sabía cómo se comportaba cuando estaba nervioso y hasta reconocía el sonido de sus pasos en un pasillo.
No tenía sentido que su nombre apareciera en un sueño que parecía pertenecer a otra persona.
Y, sin embargo, al escucharlo, había recordado unas manos manchadas de tinta, una habitación iluminada por velas y una voz que le decía que todavía estaban a tiempo de detenerlo.
No sabía quién había pronunciado aquellas palabras.
Solo sabía que, en el sueño, Seungmin estaba allí.
Y que ambos parecían estar escondiendo algo.
-Quizá estaba pensando en él -respondió Lee Know.
Felix no pareció convencido.
-Puede ser.
Se levantó para dejar la botella en la mesa y, al hacerlo, su mirada cayó sobre un cuaderno abierto.
En una de las páginas había un dibujo hecho a lápiz.
Un símbolo formado por varias líneas entrelazadas.
Felix dejó de moverse.
-¿Qué es eso?
Lee Know siguió su mirada.
-No lo sé.
-¿Cómo que no lo sabes? Lo dibujaste tú.
-Lo encontré en una de mis notas.
Felix se acercó.
El símbolo le provocó una sensación extraña. Le recordó algo que no conseguía ubicar, una imagen fugaz de una tela oscura, un objeto escondido y alguien que le advertía que nunca debía entregarlo.
Se apartó del cuaderno.
-No me gusta.
Lee Know lo observó con atención.
-¿Te resulta familiar?
Felix tardó un momento en responder.
-Sí.
Los dos miraron el dibujo.
Por primera vez, ninguno intentó fingir que todo aquello podía explicarse con cansancio o falta de sueño.
Algo estaba regresando.
Y no parecía estar regresando únicamente a Hyunjin y Jeongin.
——————————————————————
Seungmin encontró a Changbin en una pequeña tienda de música cerca de la universidad.
Habían quedado para comprar unos auriculares, aunque Changbin llevaba más tiempo discutiendo con el vendedor sobre las diferencias entre dos modelos que el que había tardado en decidir qué quería comprar.
Seungmin esperaba junto a una estantería cuando escuchó una melodía.
Era apenas un fragmento, una secuencia breve de notas que sonaba desde un altavoz al fondo del local.
Pero el efecto fue inmediato.
El ruido de la tienda pareció alejarse.
Las luces se volvieron borrosas.
Y Seungmin vio una habitación que no reconocía.
Una mesa de madera.
Papeles desperdigados por el suelo.
Una ventana abierta.
Alguien sentado frente a él, con los dedos manchados de tinta.
-Si mañana preguntan por mí, no me has visto.
La voz era serena, pero había miedo debajo de aquellas palabras.
Seungmin intentó mirar el rostro de la persona.
No pudo.
La imagen desapareció.
-¿Seungmin?
La voz de Changbin lo devolvió al presente.
Estaba agarrado al borde de la estantería con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos.
-¿Estás bien?
Seungmin soltó el aire lentamente.
-Sí. Creo que me mareé un poco.
Changbin lo observó con preocupación.
-Vamos afuera.
-Estoy bien.
-No te he preguntado si puedes caminar. Te he dicho que vamos afuera.
Seungmin no discutió.
Una vez en la calle, se sentó en un banco mientras Changbin le compraba una botella de agua.
La melodía seguía sonando en su cabeza.
Y, por algún motivo, no podía dejar de pensar en Lee Know.
——————————————————————
Por la tarde, Christopher recibió una llamada.
El número no estaba guardado en sus contactos.
Contestó después del tercer tono.
-¿Sí?
Al otro lado no hubo respuesta inmediata.
Solo se escuchaba una respiración tranquila.
-¿Quién habla?
-No deberías haber encontrado la llave todavía.
Christopher se puso de pie.
Reconoció la voz.
Era la mujer de la librería.
-¿Cómo consiguió mi número?
-Eso no importa.
-Para mí sí.
-Entonces tendrás que aprender a hacer las preguntas correctas.
Christopher apretó el teléfono.
-¿Qué significa la llave? ¿Quién escribió esas frases? ¿Por qué nos conoce?
La mujer guardó silencio durante unos segundos.
-Porque hay cosas que nunca terminan cuando deberían.
-Eso no es una respuesta.
-No.
Su tono cambió ligeramente.
Por primera vez, Christopher percibió algo parecido al cansancio en su voz.
-Pero es lo único que puedo decirte por ahora.
-¿Qué nos está ocultando?
-Más de lo que imaginas.
Christopher sintió que la paciencia se le agotaba.
-¿Está intentando ayudarnos o impedir que recordemos?
Al otro lado de la línea se escuchó un suspiro.
-A veces, Christopher, esas dos cosas son exactamente lo mismo.
Él se quedó helado.
-¿Qué quiere decir con eso?
-Quiero decir que recordar no siempre es una salvación.
-¿Y olvidar sí?
La mujer no contestó de inmediato.
-No. Pero a veces es lo único que permite seguir viviendo.
Christopher apretó la mandíbula.
-¿Nos conoce de antes?
La llamada quedó en silencio.
Por un instante, pensó que ella había colgado.
Entonces la escuchó susurrar:
-Mucho antes de lo que imaginas.
-¿Quién es usted?
-Cuando llegue el momento, lo sabrás.
-¿Y cuándo será eso?
-Cuando alguno de ustedes recuerde algo que no debería haber olvidado.
La llamada se cortó.
Christopher permaneció inmóvil, con el teléfono pegado a la oreja.
No tenía respuestas.
Solo una certeza cada vez más incómoda: la mujer no estaba improvisando. Sabía exactamente qué decir y, sobre todo, qué callar.
Y si había algo que Christopher empezaba a comprender, era que las respuestas no llegarían todas al mismo tiempo.
Quizá algunos recordarían primero.
Quizá otros recordarían algo distinto.
Y quizá alguien ya supiera mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Guardó el teléfono y miró hacia la ventana.
Por primera vez, no tuvo miedo de lo que pudiera recordar.
Tuvo miedo de lo que los demás recordarían de él.
——————————————————————
Nota: No sé si les vaya gustando la historia, espero que sí :)
¿Hago más largos los capítulos?
Thoughts
-
PermalinkYa pues, Jeongin y Hyunjin escribiéndose a primera hora me tienen de su lado. Los dos se quedan con la mano en el pecho sin contarse el sueño, y en esta vida les toca hablar claro antes de que el hilo los separe otra vez. Y el largo así está bien, se me pasó volando.
-
PermalinkParce, con este capítulo ya casi no me quedan dudas de que el primero es Christopher. La llave apareció en su cajón y la señora de la librería lo mira como si lo conociera de antes. Y Han, medio en broma y con los dos cafés, le pegó justo ahí.
Publicaciones relacionadas
-
Parte 10. La puerta que nunca debió abrirse
La primera vez que Hyunjin recordó su muerte, no despertó gritando.
-
Profundo Rio Carmín Parte 8
Cuando su madre murió, le dejó de herencia la casa de su abuela —que había pasado de generación en generación hasta ella— y una cantidad exorbitante en el banco. A pesar de que el padre de Antoan,…
-
-CUERPOS-
[la señora retro sede llevándose la mano al cuello donde el cuchillo permanecía enterrado, intentando inútilmente que me apartara, avance junto a ella hacia el viejo y cuidado interior de la casa.
-
RUN AWAY 6-7
Hago caso y me quedo perpleja en silencio mientras visualizo bajar lentamente a un chico que dirige una sonrisa hacia Astur, capto unos pequeños hoyuelos a los costados de su boca, lleva puesto un…
-
Misterio en Valentown Capitulo 5: La Evidencia
Capítulo 5
-
Mayo también dolio cap 8
Y, de pronto, abril terminó. Terminó con tanto sufrimiento, ira y coraje, pero no tanto como lo que estaba por venir.
-
💋 AMOR, LUJO Y TRAICIÓN PARTE DOS
Valentina Reyes estaba sentada en el borde de su cama, mirando una prueba de embarazo que sostenía entre sus manos temblorosas.
-
El precio de la vida, Capítulo 3 - parte 2
Los domingos por la tarde, la casa de Tomasita se convertía en el centro de gravedad de toda la familia Domínguez. El patio, sombreado por un inmenso árbol de totumo, siempre olía a sancocho de…
La llave seguía sobre el escritorio de Christopher.