Mientras Felix y Seungmin examinaban el mapa, Christopher se apartó un poco del grupo.
No sabía por qué lo hacía.
Solo necesitaba respirar.
La mujer había dejado la carpeta abierta sobre el mostrador, y una de las hojas sobresalía por debajo de las demás.
Christopher distinguió una mancha roja en el borde.
Se acercó.
La tinta estaba descolorida, pero todavía podía verse una pequeña anotación escrita a mano.
No fue el primero en traicionar.
Christopher sintió que el suelo se inclinaba bajo sus pies.
La frase parecía estar dirigida a alguien.
A una persona cuyo nombre había sido borrado.
O quizá a alguien que todavía no había sido identificado.
La tinta roja le recordó el hilo de los dedos de Hyunjin y Jeongin.
Y entonces llegó el recuerdo.
No una imagen completa.
Solo un instante.
Él estaba de pie frente al jardín.
A su lado había alguien cuya mano sostenía la suya.
No podía distinguir su rostro, pero recordaba la presión de aquellos dedos.
Recordaba haber querido quedarse.
Y recordaba haber soltado esa mano.
La voz de alguien resonó en su cabeza.
—Elegiste tu lado.
Christopher retrocedió.
La hoja se deslizó de sus dedos y cayó al suelo.
Changbin fue el primero en acercarse.
—¿Qué pasó?
Christopher negó con la cabeza, respirando con dificultad.
—Vi algo.
Hyunjin llegó enseguida.
—¿Qué viste?
Christopher lo miró, pero no consiguió responder.
No sabía si había recordado una escena real o si su mente estaba intentando construir una historia a partir de todo lo que habían descubierto.
Solo sabía que había sentido una culpa tan intensa que le costaba mantenerse de pie.
Felix recogió la hoja del suelo.
—¿Es por esto?
Christopher observó la frase.
No fue el primero en traicionar.
—Creo que… —comenzó, pero se interrumpió.
Todos esperaron.
Christopher cerró los ojos.
—Creo que hubo alguien antes.
—¿Antes de qué? —preguntó Lee Know.
Christopher volvió a abrirlos.
—Antes de la traición.
La mujer de la librería se quedó completamente inmóvil.
Fue apenas un instante, pero Jeongin lo notó.
—Usted sabe algo —dijo.
La mujer apartó la mirada.
—Sé que hay cosas que los documentos no pueden explicar.
—Eso no es una respuesta —replicó Lee Know.
—Es la única que puedo darles.
Jeongin apretó los labios.
Quería insistir, pero algo en la expresión de la mujer lo detuvo.
No parecía estar intentando asustarlos.
Parecía tener miedo de que recordaran.
—¿Podemos llevarnos una copia del mapa? —preguntó Felix finalmente.
La mujer dudó antes de asentir.
—Pueden fotografiarlo. Pero les aconsejo que no vayan al lugar que aparece marcado.
Hyunjin se acercó al mapa.
En una esquina, casi oculta bajo una mancha de humedad, había una pequeña inscripción.
El jardín del norte.
Debajo aparecía un símbolo: un círculo atravesado por una línea roja.
El mismo símbolo que estaba dibujado junto a uno de los nombres de la lista.
El de Christopher.
Christopher sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
No dijo nada.
No podía.
Porque, por primera vez, tuvo la terrible sensación de que el pasado no solo estaba intentando ser recordado.
Estaba intentando señalarlo.
———————————————————
Cuando salieron de la librería, el cielo estaba cubierto de nubes.
Nadie habló durante las primeras calles.
Todos parecían atrapados en sus propios pensamientos.
Han fue el primero en romper el silencio.
—Bueno. Tenemos un mapa, ocho nombres y una historia sobre una traición. ¿Alguien más siente que deberíamos buscar un pasatiempo normal?
—Podríamos empezar a coleccionar estampillas —sugirió Seungmin.
—No estoy bromeando.
—Yo tampoco.
Changbin soltó una risa breve.
La tensión disminuyó un poco, pero no desapareció.
Lee Know caminaba junto a Felix, mirando el mapa en su teléfono.
—No me gusta que la mujer supiera más de lo que dijo.
—Tal vez no sepa tanto como creemos —respondió Felix—. O tal vez tenga sus propias razones para no hablar.
—Eso no la hace menos sospechosa.
—No todo el mundo que guarda un secreto es nuestro enemigo, Minho.
Lee Know lo miró.
Por un instante, algo extraño cruzó su expresión.
Una reacción demasiado intensa para una conversación tan sencilla.
—A veces —dijo en voz baja—, el enemigo es precisamente quien más motivos tiene para parecer tu amigo.
Felix se quedó callado.
No sabía por qué aquellas palabras le provocaban una tristeza inesperada.
Lee Know pareció darse cuenta de lo que había dicho y apartó la mirada.
—Olvidalo. Estoy cansado.
Felix no insistió.
Pero guardó aquella frase en su memoria.
Del otro lado de la calle, Hyunjin y Jeongin se habían detenido frente a un semáforo.
Sus dedos se rozaban.
El hilo rojo estaba tibio.
—¿Creés que deberíamos ir al jardín? —preguntó Jeongin.
Hyunjin miró el mapa que Felix les había enviado.
—No todavía.
—¿Por qué?
—Porque no sabemos qué estamos buscando.
Jeongin asintió lentamente.
—Yo tampoco quiero ir sin saber nada.
El semáforo cambió.
Los demás comenzaron a cruzar, pero Jeongin se quedó un segundo más junto a Hyunjin.
—Hay algo que quiero preguntarte.
—Preguntame.
Jeongin miró sus manos.
—Si descubrimos que en otra vida fuimos personas completamente diferentes… ¿creés que eso cambia lo que somos ahora?
Hyunjin tardó en responder.
—No lo sé.
Jeongin levantó los ojos.
Hyunjin apretó suavemente su mano.
—Pero no quiero que una historia que no recordamos decida por nosotros.
Jeongin sintió un nudo en la garganta.
No era una promesa de que todo saldría bien.
Era algo más sencillo.
La posibilidad de elegir.
—Entonces no dejemos que lo haga —susurró.
Hyunjin sonrió débilmente.
—Trato hecho.
El hilo rojo brilló.
Esta vez, la luz no fue tenue ni fugaz.
Se extendió desde sus dedos hasta la fotografía que Jeongin llevaba guardada en el bolsillo de su abrigo.
Ambos sintieron un tirón repentino.
Jeongin sacó la fotografía.
La imagen estaba caliente.
Hyunjin se inclinó sobre ella.
Por un instante, las figuras del jardín parecieron moverse.
No sus rostros.
No sus cuerpos.
Solo sus manos.
Las ocho figuras tenían los dedos entrelazados por hilos rojos.
Y una de ellas estaba soltando el hilo de otra.
Jeongin sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Hyunjin…
La luz desapareció.
La fotografía volvió a ser exactamente como antes.
Los ocho nombres seguían debajo de las figuras.
Pero ahora había algo nuevo.
En el reverso, justo debajo de la frase que habían leído tantas veces, apareció una línea tenue, como si la tinta estuviera surgiendo desde el interior del papel.
No busquen quién los unió.
Recuerden quién los separó.
Jeongin levantó lentamente la mirada.
Hyunjin no dijo nada.
No hacía falta.
Los dos habían comprendido lo mismo.
El hilo rojo no estaba intentando mostrarles solamente el comienzo de su historia.
Estaba señalándoles el momento en que todo se había roto.
——————————————————————
Esa noche, los ocho soñaron.
No exactamente lo mismo.
Pero todos despertaron con la sensación de haber estado en un lugar que conocían.
Han soñó con una habitación llena de cartas. Había una abierta sobre una mesa y, aunque no podía leer las palabras, reconocía la letra de alguien a quien había querido mucho.
Cuando intentó tomarla, las llamas consumieron el papel.
Despertó con los ojos húmedos y una tristeza que no supo explicar.
Changbin soñó con una puerta cerrada desde el otro lado. Golpeaba una y otra vez, llamando a alguien por un nombre que no podía recordar. Al final, la puerta se abrió.
Pero no había nadie detrás.
Lee Know soñó con un campo cubierto de flores blancas. Alguien estaba arrodillado en el centro, llorando. Él quería acercarse, pero cada paso que daba hacía que la figura se alejara.
Cuando finalmente logró alcanzarla, una voz le susurró:
—Llegaste demasiado tarde.
Felix soñó con unas manos escribiendo nombres en un libro. Cada vez que terminaba uno, otra mano lo tachaba. Intentó detenerla, pero sus dedos no podían tocar la página.
Seungmin soñó con un espejo que reflejaba una habitación diferente. En el reflejo, alguien lo observaba desde el otro lado. No podía ver su rostro, pero sabía que aquella persona lo conocía.
Han, Changbin, Lee Know, Felix y Seungmin despertaron sin comprender qué significaban sus sueños.
Pero todos recordaron la misma sensación.
La certeza de que habían perdido algo importante.
Y de que, de alguna manera, eran responsables.
Christopher volvió a soñar con el jardín.
Esta vez no estaba solo.
Había siete personas frente a él, y él era el octavo.
Podía ver sus siluetas, pero los rostros permanecían ocultos por una luz blanca.
En el centro del jardín, Hyunjin y Jeongin estaban tomados de las manos.
Christopher sintió alivio al verlos.
Hasta que escuchó una voz detrás de él.
—Ya sabés lo que tenés que hacer.
Se voltió.
No había nadie.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó.
La voz volvió a hablar.
—Esta vez, no los dejes solos.
Christopher miró de nuevo hacia el centro del jardín.
Hyunjin y Jeongin habían desaparecido.
En su lugar había dos hilos rojos extendidos sobre la tierra.
Uno estaba intacto.
El otro se encontraba cortado.
Christopher se arrodilló y trató de unirlos, pero la sangre comenzó a mancharle las manos.
Entonces escuchó un grito.
Y despertó.
Se sentó de golpe, respirando con dificultad.
Por primera vez desde que todo había comenzado, tenía una certeza.
No sabía qué había hecho en aquella vida olvidada.
Pero había algo que debía impedir que volviera a ocurrir.
Aunque todavía no supiera cómo.
——————————————————————
Hyunjin también despertó sobresaltado.
En su sueño había visto el jardín.
Había visto a Jeongin correr hacia él.
Había extendido la mano para alcanzarlo.
Y, justo antes de tocarlo, había escuchado una voz.
Si lo elegís a él, los perderás a todos.
Hyunjin abrió los ojos.
El corazón le latía con fuerza.
Miró su meñique izquierdo.
El hilo rojo seguía allí.
Entonces tomó el teléfono y escribió.
Hyunjin: Jeongin, ¿estás despierto?
La respuesta llegó casi inmediatamente.
Jeongin: Sí.
Hyunjin cerró los ojos un instante.
Hyunjin: ¿Soñaste con el jardín?
Jeongin tardó unos segundos.
Jeongin: Sí.
Hyunjin: ¿Qué viste?
Esta vez, la respuesta demoró más.
Jeongin: A vos.
Hyunjin sintió que el pecho se le apretaba.
Hyunjin: Yo también te vi.
Jeongin: Había alguien que me decía que no podía elegirte.
Hyunjin dejó de respirar por un instante.
Miró la pantalla.
Volvió a leer el mensaje.
Y escribió:
Hyunjin: A mí me dijeron que si te elegía, los perdería a todos.
Jeongin respondió:
Jeongin: ¿Y qué hiciste?
Hyunjin miró el hilo rojo.
Pensó en la fotografía.
En los nombres.
En las figuras que parecían haber compartido una promesa antes de que todo terminara en traición.
Y escribió la única respuesta que le salió del corazón.
Hyunjin: Me desperté antes de poder decidir.
Jeongin contempló el mensaje durante un largo rato.
Después escribió:
Jeongin: Tal vez esta vez podamos elegir despiertos.
Hyunjin sonrió apenas.
Hyunjin: Tal vez.
Dejó el teléfono sobre la cama.
Por primera vez, no intentó encontrar una explicación para el hilo rojo.
No intentó adivinar qué había ocurrido en el pasado.
Solo se permitió pensar en Jeongin.
En su sonrisa.
En su voz.
En la forma en que había tomado su mano sin exigirle respuestas.
Y, aunque no podía saberlo todavía, aquella decisión pequeña y silenciosa era el primer paso hacia algo que ninguno de los dos había conseguido hacer en su vida anterior.
Elegirse sin miedo.
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A la mañana siguiente, Felix recibió un mensaje de Seungmin.
Era una fotografía tomada durante la reunión del día anterior.
Seungmin había fotografiado la lista de los ocho nombres y, al ampliar la imagen, había descubierto algo que ninguno había notado.
Al lado de cada nombre había un símbolo.
Casi todos estaban demasiado borrosos para distinguirse.
Pero el de Hyunjin era una pequeña flor.
El de Jeongin, un círculo atravesado por una línea.
El de Christopher, el mismo símbolo que habían encontrado en el mapa del jardín.
Y el de Felix…
Felix amplió su propia marca.
Era una pequeña llave.
Sintió un escalofrío.
No sabía qué significaban aquellos símbolos, pero tuvo la sensación de que no estaban allí por casualidad.
Seungmin le envió otro mensaje.
Seungmin: Hay algo más.
Debajo apareció una segunda fotografía.
Era un fragmento de una página que no habían visto en la librería.
La tinta estaba muy deteriorada, pero se distinguían algunas palabras.
Cuando los ocho regresen, los recuerdos comenzarán a despertar.
No todos recordarán al mismo tiempo.
No todos recordarán la verdad.
Y quien recuerde primero deberá decidir si está dispuesto a perderlo todo para evitar que la historia se repita.
Felix se quedó mirando la pantalla.
Después escribió en el grupo de los ocho.
Felix: Encontré otra cosa. Tenemos que reunirnos.
La respuesta de Han llegó primero.
Han: Por favor, decime que esta vez no es otra amenaza escrita en un libro viejo.
Changbin: No te ilusiones.
Lee Know: ¿Qué encontraron?
Seungmin: Algo que no deberíamos ignorar.
Jeongin: ¿Qué cosa?
Felix envió la fotografía.
Durante varios segundos, nadie respondió.
Hasta que Christopher escribió:
Christopher: No vayan al jardín todavía.
Hyunjin frunció el ceño al leer el mensaje.
Hyunjin: ¿Por qué?
Christopher miró su mano izquierda.
Seguía sin tener ningún hilo rojo.
Sin embargo, sentía un dolor extraño en el meñique, como si alguien estuviera tirando de un filamento invisible.
Cerró los ojos.
Por un instante, volvió a escuchar aquella voz.
Esta vez, no los dejes solos.
Christopher escribió lentamente:
Christopher: Porque creo que uno de nosotros ya sabe lo que pasó allí.
Se quedó mirando el mensaje antes de enviarlo.
No sabía si debía decirlo.
No sabía si estaba preparado para que los demás comenzaran a sospechar de él.
Pero el recuerdo del jardín seguía allí.
Y, junto con él, una culpa que parecía demasiado antigua para pertenecerle.
Finalmente, envió el mensaje.
La respuesta de Hyunjin llegó casi inmediatamente.
Hyunjin: ¿Quién?
Christopher miró la pantalla.
Pensó en Jeongin.
En la fotografía.
En la frase escrita con tinta roja.
No fue el primero en traicionar.
Y, por primera vez, se permitió considerar una posibilidad que lo aterrorizaba.
Tal vez el secreto no consistía en descubrir quién había traicionado a los demás.
Tal vez el verdadero secreto era descubrir quién había comenzado todo.
Christopher dejó el teléfono sobre la mesa.
Afuera, el cielo comenzaba a despejarse.
Pero, en algún lugar de su memoria, el jardín seguía cubierto de sombras.
Y bajo la tierra, entre las raíces del árbol más antiguo, algo esperaba.
No un monstruo.
No una maldición.
Solo una verdad que había sobrevivido a todos ellos.
Una verdad que, cuando finalmente saliera a la luz, obligaría a los ocho a decidir si estaban dispuestos a perdonarse por algo que todavía no recordaban.
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Nota: Espero poder publicar otras partes seguido, ya que voy a la universidad los días de semana.