Océano
Autor: "Gabrileo"
En un gran lamento me metí,
te vi desde lejos cuando decidiste partir.
Un tiburón me mordió, sin hechizo ni razón,
y aun así lo perseguí, buscando una explicación.
Lo vi en el horizonte unas horas después,
nadando entre las olas, buscando a quién morder.
Llevaba sangre en los ojos, pero no era por ti,
era por todo aquello que no pude comprender de mí.
Perdí entre las olas la última botella,
con palabras que nunca llegaron hasta ella.
Quizás llevaba dentro lo que nunca pude decir,
o quizás era el último intento de hacerte volver a mí.
A un sabio encontré sentado frente al mar,
le pedí algún consejo para poder sanar.
Me dijo: “Cuenta las gotas, pero hazlo lentamente,
y cuando termines, comienza nuevamente”.
Miré sus ojos: tenían calma de huracán,
de esos que destruyen y después se van.
Expulsé mis lágrimas como una ballena en el mar,
y comprendí que hasta el océano algún día deja de bramar.
Vi tus ojos brillando como el oro,
y pensé que había encontrado mi tesoro.
Pero la “EQUIS” no siempre indica dónde está,
a veces solo señala aquello que ya no volverá.
Así que dejé al tiburón perderse en el horizonte,
dejé de buscar tu nombre entre las olas y el monte.
Seguí contando gotas hasta perder la cuenta,
y entendí que sanar también es aceptar la tormenta.
Porque el mar no devuelve todo lo que se lleva,
ni toda despedida necesita una respuesta.
Y aunque alguna vez me perdí buscando tu reflejo,
hoy sé que no era el océano:
era yo buscando volver a mí mismo.