No estas sola ni solo. El ejército de Dios está allí.
I. El ejército del mundo amenaza.
¡Ríndanse! Nuestro ejército los tiene rodeados, somos miles de millones, ustedes tienen su fe en un Dios invisible cuyo hijo hace mucho matamos.
¿Quién los salvará de nuestro acero, de las balas y de nuestros cañones? Sabemos que su silencio es miedo, y sus oraciones parálisis. Romperemos sus supuestas armaduras.
II. El ejército celestial se jacta.
Vengan soldados que nuestro enemigo ya lanzó su arma más letal contra nosotros, su lengua alargada buscando amedrentarnos con burlas infantiles. Estan ciegos por la propia luz aciaga del ángel de muerte que los guía al matadero.
Tomen su fe, que nuestra guerra es el armagedón y usen sus ojos espirituales y vean, tal como Eliseo lo vió. Los que están de su lado son la muerte alada oscura como alquitrán.
Pero de nuestro lado, están los ejércitos celestiales de nuestro Dios. La sangre se derramará,
no seremos asesinos de asesinos, sino pacificadores de una luz cegadoramente invencible.
Tenemos nuestra armadura, reluce de justicia, estamos todos juntos, no estas sola, y por YHWH vamos a demostrar que el amor sobrevivirá...
Mi último obsequio recuérdalo al hablar contigo, la nube de los santos.
HEBREOS 12:1 «Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante...»