Solo te queda a ti mismo en esos momentos, es fuerte porque es verdad. Nadie más va a estar en tu piel a las tres de la mañana cuando vuelven los mismos pensamientos.
Nadie tiene que saberlo
Entonces, aquella noche, mi mente estaba llena de preguntas sobre cuál sería mi destino. ¿Es realmente esto lo que quiero? ¿Por qué nada me provoca emoción?
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Pensamiento
Solo te queda a ti mismo en esos momentos, es fuerte porque es verdad. Nadie más va a estar en tu piel a las tres de la mañana cuando vuelven los mismos pensamientos.
Contenido de la publicación
Entonces, aquella noche, mi mente estaba llena de preguntas sobre cuál sería mi destino. ¿Es realmente esto lo que quiero? ¿Por qué nada me provoca emoción?
Me ahogaba entre mis pensamientos. Sentía una gran desesperación, tanta que deseaba dejar de pensar, pero no podía. Las ideas seguían llegando una tras otra, y yo me sentía vacía, perdida.
Aquella noche me sentía más perdida que otros días. Sentía que el mundo se me venía abajo justo cuando estaba a punto de culminar. Me veía como una mediocre y tenía miedo, mucho miedo.
Quería correr hacia los brazos de mi madre, pero no pude. Sentía que la iba a decepcionar. Solo quería encontrar algo que me generara motivación, algo que me hiciera sentir vivo. El miedo a equivocarme y el peso que cargaba hacían que mi alma se afligiera.
Sentía una presión constante: el miedo a fallar, el miedo al qué dirán, el miedo a no ser suficiente. Poco a poco, sentía que mi alma se desgastaba. Yo solo quería ser feliz, pero las cargas que llevaba eran más fuertes de lo que imaginaba.
Aquella noche me sentía desconsolado. Comprendí que me estaba perdiendo a mí mismo. Quería correr, llorar y contarle a alguien todo lo que sentía. Tenía a mis padres cerca, pero no podía hacerlo; tenía miedo de decepcionarlos.
Entonces entendí que era yo solo quien cargaba con ese peso. Nadie más iba a comprenderlo tanto como yo lo hago . El miedo a que la sociedad y tu propia familia te vean como un fracaso puede consumir el alma.
Aquella noche lo entendí todo: nadie vendrá a salvarte. Al final, solo te tienes a ti mismo.
Thoughts
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PermalinkTengo 39 y una hija. A los 22 me pasó algo parecido, pero no sabía cómo sacarlo. Lo que vos escribís aquí, yo lo guardé dentro. La diferencia es que vos lo soltaste y eso ya es algo.
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PermalinkEl "nadie viene a salvarte" es lo que nadie quiere leer pero probablemente todos necesitamos entender. Al menos en algún momento.
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PermalinkSentir que la sociedad te ve como fracaso aunque no hayas fallado en nada es lo injusto. Eso lo viví. A veces en el turno de tarde pienso en cosas así y no encuentro respuesta.
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PermalinkLa presión esa que describís... 😔 siento que no estoy solo en eso
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PermalinkEl miedo a decepcionar a los que amás duele diferente. Me resuena en un lugar que no sé ni cómo decir.
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PermalinkSuena como si ese momento fuera el que hizo clic, cuando dejas de buscar al que te va a salvar y empezas a buscarte a vos. Aunque también suena como que aún está doliendo escribirlo.
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PermalinkSolo te queda a ti mismo en esos momentos, es fuerte porque es verdad. Nadie más va a estar en tu piel a las tres de la mañana cuando vuelven los mismos pensamientos.
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PermalinkLos pensamientos en los turnos donde tu cabeza no deja de trabajar te ahogan, eso lo sé bien. Los míos se quedan conmigo en la cabina, igual que los tuyos se quedaron esa noche.
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PermalinkMuchas gracias por su apoyo <3
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PermalinkQué texto tan doloroso, pero a la vez qué necesario es leerlo. Logras plasmar con una lucidez tremenda esa asfixia silenciosa que da el miedo a decepcionar a quienes más amamos. Esa soledad en medio de la noche, rodeado de pensamientos que te llaman 'mediocre' cuando solo estás cansado, es un abismo que muchos conocemos. El cierre es duro, pero es una verdad que empodera: cuando entiendes que nadie viene a salvarte, también descubres que tienes la fuerza para salvarte a ti mismo. Gracias por escribir con el alma tan desnuda.
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