La música que da vida y la vida que se hace música.
Tú eres la sinfonía que más me gusta,
la canción que contiene el acorde de la existencia.
Eres la vida que me atrapó en sus notas,
cautivo en partituras que encierran los versos más bellos.
Para mí no hay vida sin música.
Y así como la música vibra,
tú, mi alma musical, me diste vida en cada acorde de tu cuerpo y esencia.
Ahora ya no tengo tu música;
se apagó el sonido que brotaba cada vez que lo pedía.
¿Será que la guitarra se rompió?
¿O es que las canciones ya no te suenan como antes?
Tal vez la letra de aquellas melodías ya no está en tu idioma.
Pero recuerda: la música es universal.
Siempre regresarás al lugar donde escuchaste la sinfonía que un día degustaste.