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Misterio en Valentown Capitulo 5: La Evidencia

NicolasAgustinAvalos17
Pensamiento

Pensamiento

bandoneon

La nota de Tucker da vuelta el capítulo. Si el empleado del hotel de Leeds le rasguñó el brazo y esa noche tuvo fiebre, Tucker pasa de sospechoso a víctima. Mi apuesta: alguno de los cinco que vieron la grabación aparece pronto con un arañazo.

La nota de Tucker da vuelta el capítulo. Si el empleado del hotel de Leeds le rasguñó el brazo y esa noche tuvo fiebre, Tucker pasa de sospechoso a víctima. Mi apuesta: alguno de los cinco que vieron la grabación aparece pronto con un arañazo.

Contenido de la publicación

Capítulo 5

La lluvia golpeaba con fuerza el techo de la Comisaría de Valentown cuando la camioneta del sheriff Ruff McNolland frenó bruscamente frente a la entrada principal. Ni bien descendió del vehículo, comprendió que algo estaba completamente fuera de control.

Las luces permanecían encendidas en todo el edificio. Varios patrulleros seguían llegando. Oficiales corrían de un lado a otro.

Nadie hablaba en voz alta. Solo se escuchaban radios policiales, pasos apresurados y el ruido constante de la lluvia.

Keith apareció desde el pasillo principal. Su rostro estaba completamente pálido. Parecía haber envejecido varios años en apenas unas horas.

—Sheriff... tiene que venir conmigo.

Ruff no hizo preguntas. Algo en la expresión del joven oficial le indicó que las respuestas serían peores de lo que imaginaba.

Caminaron por el pasillo de las celdas. El ambiente era extraño. Nadie se animaba a entrar. Dos policías permanecían inmóviles frente a la puerta, evitando mirar hacia el interior. Uno de ellos tenía las manos temblando.

Cuando el sheriff cruzó el umbral de la celda, el aire pareció volverse más pesado.

Tucker Miller yacía sobre el suelo. Su cuerpo estaba completamente inmóvil. Los forenses trabajaban en silencio. El olor metálico de la sangre impregnaba toda la habitación.

Uno de los fotógrafos policiales dejó de tomar imágenes por un momento y respiró profundamente, intentando contener las náuseas.

Ruff observó cada rincón.

La cama estaba desplazada. Había manchas de sangre sobre una de las paredes. Las esposas seguían colgando abiertas.

No parecía la escena de un suicidio.

Parecía el escenario de una lucha desesperada.

El sheriff se arrodilló junto al cuerpo. No encontró señales que explicaran la versión oficial.

Todo estaba mal.

Demasiado mal.

Se puso de pie lentamente.

Miró a Keith.

—Llévenme a la sala de monitoreo.

Minutos después, cinco policías permanecían frente al sistema de cámaras de seguridad.

Nadie hablaba.

Keith insertó la grabación. La pantalla mostró el pasillo de las celdas.

Vacío.

Silencioso.

El reloj marcaba las 22:41.

Un minuto después apareció Kennedy. Vestía el uniforme reglamentario. Caminaba despacio. Demasiado despacio. No parecía tener prisa.

Sus botas resonaban sobre el piso de cemento.

Tac...

Tac...

Tac...

Uno de los oficiales comentó en voz baja:

—¿Qué hacía acá a esta hora?

Nadie respondió.

Kennedy llegó frente a la celda de Tucker.

Entonces ocurrió algo imposible.

Sin motivo alguno...

Giró lentamente la cabeza.

Miró directamente hacia la cámara.

Como si supiera perfectamente dónde estaba.

Una sonrisa comenzó a dibujarse sobre su rostro.

Era antinatural. No era una sonrisa humana. Era una expresión vacía, cruel.

Entonces levantó apenas el rostro.

La imagen perdió definición durante un segundo.

Cuando volvió a enfocarse...

Sus ojos ya no eran normales.

Brillaban.

De un amarillo intenso.

Un amarillo imposible.

Como dos brasas encendidas.

Durante varios segundos nadie respiró.

Keith fue el primero en hablar.

—Eso... no puede ser un efecto de la cámara.

Otro oficial negó lentamente.

—No...

El sheriff seguía inmóvil. No apartaba la vista de la pantalla.

Kennedy mantuvo la mirada fija durante varios segundos más.

Como si estuviera observándolos a ellos.

Como si supiera que algún día verían esa grabación.

Después abrió lentamente la puerta de la celda.

Entró.

La puerta volvió a cerrarse.

El pasillo quedó vacío.

Solo permanecía el sonido del reloj de la cámara.

22:42.

22:43.

De pronto...

Un golpe.

Luego otro.

Después...

Un grito.

Era Tucker.

Un grito tan desesperado que heló la sangre de todos.

—¡No...!

Otro golpe.

El ruido de algo chocando contra los barrotes.

Después otro grito.

Más fuerte.

Más desesperado.

Hasta que todo quedó en silencio.

Un silencio absoluto.

El reloj avanzó un minuto más.

La puerta volvió a abrirse.

Kennedy salió caminando lentamente.

Pero ya no parecía el mismo.

Todo su uniforme estaba cubierto de sangre. Las mangas, el pecho, las botas. Incluso parte de su rostro.

En una de sus manos sostenía una masa oscura y brillante.

Keith sintió que el estómago se le revolvía.

Kennedy levantó lentamente aquello hacia su boca.

Mordió.

Masticó.

Y siguió caminando mientras devoraba lo que claramente era un hígado humano.

Uno de los oficiales dejó escapar un grito ahogado. Otro se llevó una mano a la boca. Un tercero salió corriendo de la sala.

Se escuchó cómo vomitaba en el pasillo.

Keith retrocedió varios pasos.

—Dios...

—Dios mío...

Ruff permanecía inmóvil. No podía apartar la vista.

Jamás, en toda su carrera, había visto algo semejante.

Kennedy llegó al final del pasillo.

Antes de desaparecer...

Volvió a girar lentamente la cabeza.

Miró otra vez hacia la cámara.

Y sonrió.

La pantalla quedó vacía.

Nadie dijo una palabra durante casi un minuto.

Hasta que el sheriff rompió el silencio.

Su voz apenas era un susurro.

—Eso...

—Eso no era Kennedy.

Los investigadores regresaron inmediatamente a la celda. Ahora la escena era observada con otros ojos.

Uno de los peritos iluminó debajo de la cama.

—Sheriff... Creo que hay algo aquí.

Sacó cuidadosamente un pequeño papel doblado varias veces.

Estaba manchado con sangre.

Ruff lo abrió con extrema delicadeza. La letra era irregular. Temblorosa.

Era evidente que Tucker lo había escrito con desesperación.

Comenzó a leer en voz alta:

> "Los ojos amarillos están por ahí. Yo soy inocente. El sábado me fui de Valentown dejando a Vance solo porque su madre vive en otro lugar. Llegué a Leeds para cerrar unos negocios. Cuando estaba en el hotel, un empleado me lastimó el brazo con sus uñas. Al mirarlo... vi que sus ojos eran amarillos. Sus dientes no parecían humanos. Esa noche tuve mucha fiebre. No sé qué era. No sé si era una persona... Pero estoy seguro de que me siguió hasta Valentown."

El silencio fue absoluto.

Keith levantó lentamente la vista.

—Sheriff...

—¿Y si decía la verdad?

McNolland volvió a doblar cuidadosamente la hoja.

Pensó en la herida del brazo.

Pensó en la fiebre.

Pensó en Kennedy.

Pensó en aquella sonrisa frente a la cámara.

Ya no sabía qué creer.

Mientras tanto...

A varias cuadras de la comisaría...

Una figura caminaba sola bajo la lluvia.

Vestía todavía el uniforme ensangrentado de la Policía de Valentown. Las gotas resbalaban lentamente sobre la tela.

Llegó hasta un viejo poste de luz.

La lámpara parpadeó varias veces.

La figura se detuvo.

Muy lentamente, levantó la cabeza.

Los ojos amarillos brillaron en medio de la oscuridad.

Una baba espesa cayó desde uno de sus colmillos y se mezcló con el agua de lluvia.

Después sonrió.

Una sonrisa imposible.

Demasiado grande para un rostro humano.

La luz del poste volvió a apagarse.

Cuando se encendió otra vez...

Ya no había nadie.

Solo la lluvia.

Y el eco lejano de un gruñido que parecía perderse entre la niebla de Valentown.

Thoughts

  • Abundio

    Lluvia de punta a punta y ese poste que se prende y se apaga, sumercé. Con ese tiempo uno ya ni se asoma a la ventana.

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  • bandoneon

    La nota de Tucker da vuelta el capítulo. Si el empleado del hotel de Leeds le rasguñó el brazo y esa noche tuvo fiebre, Tucker pasa de sospechoso a víctima. Mi apuesta: alguno de los cinco que vieron la grabación aparece pronto con un arañazo.

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