Estaba sentado, frente al otro hombre, en un restaurante sencillo con muebles de madera. Hasta ahora el encuentro podría considerarse casí perfecto, la conversación fluía sin esfuerzo y solo podía imaginar el placer de tenerlo dominado en mi habitación, torturándolo, sacando de esos labios tan cultos gritos de dolor y sangre. No podía evitarlo, ni entender cómo alguien podía mirar a mi compañero de esa noche y no sentir los mismos deseos que para mi eran tan normales. Tendría que conformarme con una noche de sexo y quizás un poco de sufrimiento consentido.
Después de la cena fuimos al cuarto, le pedí a mi compañero que se acueste, se veía más borracho que los habituales, eso era raro pero no lo pensé demasiado, mientras me sentaba en una silla a los pies de la cama, quería contemplarlo y visualizar lo máximo posible antes de pasar a otra cosa.
En ese momento entró James, ese chico no había dejado de perseguirme desde que nos conocimos hace unos meses atrás, pero verlo ahí realmente me sorprendió.
No dije nada, mientras lo vi acercarse al otro y cercenarle el cuello. Se resistió un poco y la sangre me salpicó en las piernas, el rostro, los labios, pero no hubo gritos de dolor, "nada es perfecto" pensé. James lamió el cuchillo y se dirigió a mí
¿Te gusta mi regalo?, puedo conseguirte muchos más, uno cada noche si así lo quieres.
James limpió la habitación y se deshizo del cuerpo mientras yo me daba una ducha. Estaba tan excitado que no sentí cuando él se metió al baño conmigo, me rodeó la cintura y tomó mi erección en sus manos, el aire comenzó a llenarse de vapor y jadeos mientras me iba perdiendo en su contacto piel a piel, sentía su respiración en mi cuello, sus dientes clavándose en mi hombro, su cuerpo contra el mío en un siseo sensual, me liberé en sus manos y después caí para atrás apoyándome en su pecho mientras me aseguraba mentalmente que esto no debía repetirse, tenía que poner un continente de distancia entre nosotros.
En lugar de eso fuimos a la cama y nos metimos bajo las sábanas limpias, seguíamos sin hablarnos, las palabras sobraban, ya habría tiempo para pensar por la mañana, ahora estaba demasiado cansado.
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