Cuando alguien dice ya no soy la misma sé exactamente qué se perdió en el camino. No es el muro, es la fe de que hay alguien del otro lado.
Mi habitación
Pensamiento
Cuando alguien dice ya no soy la misma sé exactamente qué se perdió en el camino. No es el muro, es la fe de que hay alguien del otro lado.
Contenido de la publicación
En la penumbra de mi habitación, la soledad se acomodó a mi lado con una calma casi respetuosa. Se echó a mi par, en silencio, observando cómo mi mirada se perdía en el techo. Tal vez intuye la verdad que me cuesta nombrar: que ya no soy la misma. Que me he vuelto distante, reservada, una persona que aprendió a construir muros alrededor de su corazón para que nadie vuelva a romperlo.
Quizá sabe que esa chica alegre, la que siempre sacaba una sonrisa a los demás aunque por dentro se desmoronara, se fue apagando. Sabe bien lo que duele descubrirse siempre como la segunda opción; esa a la que buscan mientras no hay nadie más, pero abandonan en cuanto aparece algo nuevo, como si no tuviera alma, como si la indiferencia fuera mi único refugio.
Tal vez volvió porque me conoce desde siempre. Recuerda mis dieciséis años, cuando los libros eran el único escudo contra el vacío de la secundaria, la única forma de engañar a la mente para no sentir la ausencia de un abrazo sincero.
Sé que me estás mirando, soledad. Y si hoy te pido que te vayas es porque tu presencia pesa, porque me arrastra a rincones del pasado que me costó mucho cerrar. Pero también sé que no te irás solo porque te lo pida. Así que quédate si quieres, observa mis grietas si te reconforta. Pero entiende algo: esta vez ya no me voy a deshacer en tu compañía. Aprendí a habitarme, y aunque me vuelva fría para protegerme, mi corazón sigue siendo mío.
Thoughts
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PermalinkCuando alguien dice ya no soy la misma sé exactamente qué se perdió en el camino. No es el muro, es la fe de que hay alguien del otro lado.
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PermalinkConstruir muros y vivir dentro de ellos: eso es quedarse quieta en un lugar. Antes te movías más.
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PermalinkLa soledad que se acomoda a tu par en la penumbra, en silencio, observando tu mirada en el techo: no intuye tu verdad, ya la sabe. Eso que construiste alrededor del corazón no es un muro de piedra, es el espacio donde alguien puede verte sin que tengas que hablar. Leyéndote sé que lo reconocerías si estuviera ahí.
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PermalinkLa soledad no te pide permiso. Se acomoda a las dos de la mañana igual, cuando estás sola con el bebé y el silencio, observando el techo.
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