El análisis se monta casi entero en una premisa: que la arquitectura determina cómo nos sentimos. Pero en la película, los personajes no están aislados por los edificios; usan los edificios para aislarse. Son cosas distintas. Uno es determinismo, el otro es decisión. ¿Cuál es el que la película de verdad está contando?
Medianeras — Estar tan cerca y no encontrarse
Pensamiento
El análisis se monta casi entero en una premisa: que la arquitectura determina cómo nos sentimos. Pero en la película, los personajes no están aislados por los edificios; usan los edificios para aislarse. Son cosas distintas. Uno es determinismo, el otro
Contenido de la publicación
Medianeras parece, en la superficie, una historia de amor más. Dos personas que viven en la misma ciudad, que están cerca, que atraviesan espacios similares, pero que no se conocen.
Pero muy rápido se entiende que no habla solamente de eso.
Habla de la ciudad.
De cómo Buenos Aires no funciona simplemente como el escenario donde ocurre la historia, sino como una parte fundamental de ella. Una ciudad que condiciona la manera en la que vivimos, nos movemos y nos relacionamos. Edificios mal pensados, ventanas que no miran a ningún lado, departamentos cada vez más chicos, calles llenas de gente y, al mismo tiempo, una sensación permanente de aislamiento.
Y ahí aparece una de las ideas que más me interesan de la película: la arquitectura también puede determinar la forma en la que nos sentimos.
Porque Martín y Mariana viven rodeados de personas, pero prácticamente no tienen contacto real con nadie. Están conectados todo el tiempo, tienen internet, computadoras, teléfonos, estímulos constantes, pero emocionalmente parecen cada vez más aislados.
Y creo que Medianeras entiende muy bien esa contradicción.
Nunca estuvimos tan conectados y, al mismo tiempo, nunca fue tan fácil sentir que estamos solos.
Martín y Mariana no son personajes extraordinarios. Y justamente por eso funcionan. Son bastante comunes. Tienen inseguridades, miedos, obsesiones, relaciones que no funcionaron, intentos fallidos de acercarse a alguien y esa sensación de que hay algo que no termina de encajar.
No son dos personas destinadas a encontrarse, son dos personas que, con un poco de suerte, podrían llegar a hacerlo.
Y esa diferencia me parece fundamental.
Porque la película juega constantemente con la idea del destino y de la “media naranja”, pero nunca termina de entregarse completamente a ella. No hay una fuerza mágica que empuje a Martín y Mariana uno hacia el otro.
Hay casualidades.
Hay decisiones.
Hay momentos que se pierden.
Y, sobre todo, hay timing. Ese momento exacto en el que dos personas podrían haberse encontrado y, por alguna razón, no lo hacen y eso es muchísimo más real que cualquier historia de amor destinada desde el principio.
Porque quizás muchas de nuestras relaciones no fracasan porque las personas sean incompatibles. A veces simplemente llegan en momentos distintos. Uno está preparado cuando el otro no. Uno se anima cuando el otro tiene miedo. Uno mira cuando el otro está distraído.
Y Medianeras construye toda su historia alrededor de esa idea. Martín y Mariana están constantemente cerca. Se cruzan, se buscan sin saber que se están buscando, comparten la misma ciudad, las mismas calles, los mismos edificios y hasta los mismos espacios. Pero no consiguen encontrarse. Y ahí la película empieza a hablar de algo que va mucho más allá del amor.
De todas las conexiones que podrían haber ocurrido y nunca ocurrieron.
Porque vivimos rodeados de personas. Algunas podrían convertirse en amigos, parejas, personas importantes. Incluso alguien que podría cambiar completamente nuestra vida puede estar caminando a pocos metros de nosotros.
Pero no lo sabemos y quizás nunca lo sepamos...
Eso es lo que hace que Medianeras tenga algo de melancólico incluso cuando resulta divertida. Porque detrás del humor, de las situaciones absurdas y de las pequeñas obsesiones de sus personajes, hay una pregunta bastante triste:
¿Cuántas veces tuvimos cerca a alguien que podría haber sido importante para nosotros y simplemente nunca nos dimos cuenta?
La película también entiende muy bien cómo la tecnología puede funcionar como refugio. Martín y Mariana tienen acceso a todo, pero muchas veces utilizan esas herramientas para evitar justamente aquello que más necesitan: el contacto con otra persona.
Internet permite buscar, mirar, hablar y conocer gente sin tener que exponerse completamente.
Y eso puede ser cómodo.
Porque relacionarse realmente implica algo mucho más peligroso: mostrarse. Dejar que alguien vea nuestras inseguridades, aceptar la posibilidad de ser rechazados, permitir que otra persona altere nuestra rutina.
Y creo que tanto Martín como Mariana están bastante acostumbrados a vivir detrás de una pantalla, de una ventana o de una pared.
Por eso las medianeras terminan siendo mucho más que un elemento arquitectónico.
Son una metáfora perfecta de ellos.
Paredes que dividen. Paredes que permiten estar cerca de alguien sin realmente entrar en su vida.
Y quizás lo más interesante es que la película no plantea que esas paredes existan solamente afuera.
También están adentro.
En los miedos, en las inseguridades, en las experiencias anteriores, en las expectativas que tenemos sobre los demás y en todas esas cosas que construimos para evitar que alguien pueda lastimarnos.
Por eso cuando finalmente aparece la posibilidad real de encuentro, la película no necesita convertirlo en un gran momento romántico.
Porque el verdadero obstáculo nunca fue encontrar a la otra persona.
Era animarse a dejar de estar solo.
Y ahí Medianeras se vuelve mucho más humana, no habla de encontrar a la persona perfecta. Habla de encontrar a alguien con quien podamos ser imperfectos. Alguien que tenga sus propias contradicciones, sus propios miedos y sus propias paredes, pero que aun así esté dispuesto a abrir una ventana.
Y quizás por eso el final deja una sensación tan particular, no porque la película nos asegure que todo va a salir bien. Sino porque, por primera vez, parece existir la posibilidad de que dos personas que pasaron toda la película buscando una salida finalmente puedan encontrarse.
Y tal vez eso sea lo más lindo que plantea Medianeras.
Que en una ciudad diseñada para separarnos, encontrarse con alguien puede ser casi un acto de resistencia. Porque a veces el amor no aparece cuando encontramos a nuestra “media naranja”.
A veces aparece cuando, después de pasar tanto tiempo mirando hacia afuera, por fin nos animamos a abrir una ventana.
Thoughts
-
PermalinkEso de estar tan conectados y solos es la discusión que tuve en el 75 con otras palabras. La tecnología cambió, pero la gente sigue siendo igual de capaz o incapaz de buscar a otro. Lo que cambia es la excusa para no hacerlo.
-
PermalinkHe visto familias enteras vivir bajo el mismo techo con soledad profunda. No me parece que sea solo cosa de Buenos Aires. Los edificios no hacen la soledad; la soledad hace que los edificios se sientan más vacíos.
-
PermalinkUsa medianera como barrera interior, pero la medianera es arquitectónicamente la pared compartida, la que reconoce que hay alguien del otro lado, no la que aísla.
-
PermalinkEstá lindo que la arquitectura nos configure. Pero dos personas en una ciudad de dos millones que se cruzan miles de veces, ¿de verdad no pueden encontrarse porque los edificios dijeron que no?
-
PermalinkSi la ciudad los aísla de verdad, ¿cómo encuentran la manera de conectar al final? ¿Usted qué cree que pasó diferente en esos dos?
-
PermalinkEl budismo lleva dos mil años hablando de esto: cómo el apego a nuestras historias nos separa de lo que tenemos delante. Medianeras lo plantea sin usar esa palabra. No es que no puedan encontrarse; es que ambos están atrapados en lo que creen de sí mismos y no ven al otro cuando está al lado. La arquitectura es la excusa, pero el verdadero obstáculo es interior.
-
PermalinkEl análisis se monta casi entero en una premisa: que la arquitectura determina cómo nos sentimos. Pero en la película, los personajes no están aislados por los edificios; usan los edificios para aislarse. Son cosas distintas. Uno es determinismo, el otro es decisión. ¿Cuál es el que la película de verdad está contando?
-
PermalinkLlevo veintiocho años viendo que la gente está donde está porque eligió estar ahí. No es que Buenos Aires te aisle; uno se deja aislar porque es cómodo. Dos personas que no se buscan de verdad no se encuentran, medianeras o no.
Related posts
-
Love Story - Cuando amar también significa aprender a perder
Hay películas que con el paso del tiempo pueden parecer ingenuas. Películas que, vistas hoy, tienen una forma de contar el amor mucho más sencilla de la que estamos acostumbrados. Y, sin embargo,…
-
Jeff, Who Lives at Home - Cuando estar perdido también puede ser una forma de encontrarse
Jeff, Who Lives at Home parece, en la superficie, una película sobre alguien que no arrancó nunca. Un tipo grande viviendo en el sótano de su madre, sin un trabajo claro, sin rumbo, sin demasiadas…
-
Joker ¿Cuánto de una película pertenece realmente a la película y cuánto al personaje que lleva el nombre?
Todos fueron fanáticos con Joker , como si finalmente hubiera aparecido la película que mostraba al tipo marginado rompiéndose contra el mundo. Y ojo: Joker funciona. Tiene escenas potentes, una…
-
Project Hail Mary - Cuando dejar de estar solo también es una forma de sobrevivir
Project Hail Mary parece, en la superficie, una película de ciencia ficción más. Un hombre solo en una nave, una misión imposible y la responsabilidad de encontrar una solución antes de que sea…
-
Rushmore - El problema de querer ser alguien antes de saber quién sos
Rushmore es la historia del pibe más peligroso del cine: un adolescente con autoestima de multimillonario y corazón de cachorro mojado. Max Fischer no estudia demasiado, pero dirige clubes como si…
-
Encuentros Cercanos del Tercer Tipo: El origen del mensaje
Hay directores que vuelven una y otra vez a los mismos géneros. Steven Spielberg, en cambio, siempre volvió a las mismas preguntas.
-
High Fidelity - ¿Cuánto de lo que recordamos de una relación es realmente lo que pasó?
High Fidelity es una película sobre el duelo. Pero no sobre el duelo por alguien que murió, sino por alguien que se fue. Y, sobre todo, por la versión de vos mismo que queda en ruinas cuando te dejan.
-
Me, Natalie ¿Cuánto de vos estás dispuesto a cambiar para que te quieran?
Me, Natalie no busca el gran momento emotivo, sino que te acompaña. Te sienta al lado de una mina que no encaja y te obliga a mirar, sin ironía y sin crueldad, cómo se siente crecer cuando el mundo…
Medianeras parece, en la superficie, una historia de amor más. Dos personas que viven en la misma ciudad, que están cerca, que atraviesan espacios similares, pero que no se conocen.