Por vez primera quise
con un humilde amor;
pensaba en tu mirada
con todo mi candor.
Soñé tenerte un día
dormida entre mis brazos;
oh, ven, lucero mío,
a unir nuestros abrazos.
Llegaste por la noche
mientras dormía en calma;
sin verte te sentía
abrazada a mi alma.
Mi dulce niña amada,
yo quise ser tu amparo,
cuidar todos tus sueños
y ser tu puerto claro.
Partiste antes de tiempo,
te fuiste de mi lado,
y hoy eres solo letras
en un papel quemado.