Qué noche más tenue y triste...
A pesar de tan escasa luz,
las luciérnagas no dejan de tintinear.
Contésteme usted, mi musa
y dueña de mis más grandes desvelos:
¿Quisiera una luciérnaga en su mano
para alumbrar su camino
y encender su corazón con tal brillo?