Cuando sos chiquito, crecer es lo único que querés hacer. Querés que llegue ese momento en el que, según vos, vas a poder hacer todo lo que quieras. Mirás a los grandes con cierta admiración, convencido de que tienen la vida resuelta, de que saben lo que hacen y de que ser grande debe ser tan maravilloso como parece. Contás los días para que llegue el futuro, sin saber que, algún día, vas a querer volver al pasado.
Pero cuando sos grande también estás esperando algo. Esperás a que llegue el verano para ir a la playa, que llegue el fin de semana para no tener que levantarte temprano, que sea la hora para salir del trabajo. Y cuando finalmente llega, lo disfrutás, pero enseguida empezás a esperar otra cosa.
Esperás que termine un año porque estás ansioso por saber qué te depara el siguiente. Esperás que llegue esa persona, que se dé ese viaje, que suceda eso que tanto deseás. Siempre hay algo que tiene que pasar para que, supuestamente, puedas empezar a disfrutar de tu vida.
Y así se nos van los días. Esperando.
¿Pero realmente pasaron tan rápido? ¿O estuvimos tan ocupados esperando que llegaran que no nos dimos cuenta de que ya estábamos viviéndolas?
A veces siento que nos acostumbramos tanto a esperar que nos olvidamos de vivir lo que tenemos enfrente. Estamos en un martes pensando en el viernes, en marzo pensando en diciembre, en la secundaria pensando en la universidad, en nuestra adolescencia pensando en la adultez. Siempre estamos mirando hacia adelante, como si el presente fuera solamente un lugar de paso.
Y creo que ahí está el problema. No en que el tiempo pase demasiado rápido, sino en que nosotros vivimos como si siempre fuéramos a tener otra oportunidad para prestar atención. Como si las personas fueran a quedarse para siempre, como si todas las etapas pudieran repetirse, como si los días comunes no merecieran ser recordados.
Nos pasamos la vida esperando que llegue el momento indicado para ser felices, pero ¿quién nos aseguró que la felicidad tiene una fecha? ¿Por qué pensamos que vamos a disfrutar más cuando seamos grandes, cuando tengamos más libertad, cuando terminemos de estudiar o cuando consigamos eso que tanto queremos?
La vida está pasando ahora. En este preciso momento, mientras esperamos que llegue algo más.