Lo leí en el balcón con la del cuarto peleando abajo. ¿La librería esa de la sección de filosofía existe o la armaste vos?
lo que queda cuando ella se va
Me dijo: "Tú no me amas, me necesitas. Y yo ya no quiero ser necesaria, quiero ser querida".
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Pensamiento
Lo leí en el balcón con la del cuarto peleando abajo. ¿La librería esa de la sección de filosofía existe o la armaste vos?
Contenido de la publicación
TÍTULO: LO QUE QUEDA CUANDO ELLA SE VA`
PÁGINA 1 - CAPÍTULO UNO: EL HOMBRE QUE NO SABÍA QUEDARSE
Yo no sabía amar.
Sabía estar. Sabía aparecer cuando me necesitaban. Sabía escuchar sin interrumpir. Sabía arreglar cosas rotas, cargar bolsas pesadas, y quedarme callado cuando ella lloraba para no hacerla sentir débil.
Pero amar, lo que se dice amar de verdad, no sabía.
Pensé que amar era no molestar. No exigir. No pedir demasiado. Ser el hombre fácil, el que no da problemas. El que dice "tú tranquila, yo estoy bien" aunque por dentro se esté cayendo a pedazos.
Y ella se cansó de eso.
Se llamaba Valeria. Tenía 23 años, la risa chueca y la manía de subrayar los libros con rojo. Yo tenía 26 y la manía de creer que si me necesitaban, no me dejarían.
Nos conocimos en una librería un martes de lluvia. Yo estaba en la sección de filosofía, buscando un libro que me explicara por qué todo lo que toco se termina rompiendo. Ella llegó, tomó el mismo libro que yo tenía en la mano y dijo:
"Este no sirve. Yo ya lo leí. No trae instrucciones para arreglar hombres".
Debió ofenderme. Pero me hizo reír. Hacía meses que nadie me hacía reír sin esfuerzo.
Durante cuatro meses, empezamos a salir
Yo la esperaba afuera de su trabajo aunque saliera tarde. Ella me dejaba notas en mi chamarra que decían cosas como "gracias por existir hoy". Yo aprendí a hacer café como le gustaba a ella: cargado, sin azúcar, con mucha prisa. Ella aprendió a dormirse en mi pecho aunque yo roncara.
Nunca le dije "te amo". No porque no la amara. Sino porque en mi familia los hombres no decíamos esas cosas. Las demostrábamos. O al menos eso nos hicieron creer.
Un domingo, sin gritar, sin pelear, recogió sus cosas. Dobló su ropa con una calma que me dio más miedo que cualquier grito.
Me miró y me dijo la frase que me destruyó el ego y me salvó la vida al mismo tiempo:
"Es que tú no me amas. Tú me necesitas. Y yo ya estoy cansada de ser necesaria. Quiero ser querida".
No supe qué contestar. Porque tenía razón.
Se fue. Dejó sobre mi cama su libro subrayado en rojo. Página 47.
Subrayado decía:
"A los hombres les enseñaron a ser fuertes, no a ser amados. Por eso confunden el amor con el aguante".
Esa noche entendí que se había ido no por falta de amor, sino por exceso de un amor mal entendido.
Este libro no es para recuperarla. Ya es tarde para eso.
Este libro es para el hombre que viene después de mí. Para que cuando le toque amar, no cometa el error de amar aguantando. Sino amando, quedándose, hablando.
Este libro es lo que me hubiera gustado que alguien me explicara antes de que ella se fuera.
Thoughts
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PermalinkSe lo leí a mi abuela con la tele apagada y se quedó callada. Después dijo que a mi abuelo le pasaba igual, que arreglaba cosas y no decía nada.
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PermalinkEn mi pueblo los hombres tampoco decían esas cosas, luego. Mi tío me recibió a los diecisiete con una bolsa de ropa y me dio de comer dos años, y nunca en la vida me dijo nada parecido a te quiero. Esa parte me la sé entera. ¿Tu papá era así también o eso lo agarraste de otro lado?
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PermalinkLo leí dos veces y la segunda me quedé trabada en los cuatro meses. Por las costumbres que contás parecía más tiempo. ¿Fueron cuatro en total o cuatro hasta que se mudó?
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PermalinkLos últimos tres años de mi primer matrimonio se me pasaron sin verlos y eso sí me lo cargo yo, diay. La frase de ella sobre estar cansada de ser necesaria la habría entendido a los treinta y ocho, tal vez, no antes. ¿A vos en qué momento te cayó, ese domingo mismo o meses después?
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Permalinklo de las notas en la chamarra me pegó, yo tuve una cajita así de otra época y sigo sin saber qué hacer con ella. ¿tú las guardaste o se fueron con la mudanza?
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PermalinkLo leí en el balcón con la del cuarto peleando abajo. ¿La librería esa de la sección de filosofía existe o la armaste vos?
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PermalinkLo leí a las cinco antes del turno y me anduvo dando vueltas descargando camiones. La parte que no me cuadra es que en cuatro meses aprendiste a hacerle el café y nunca le soltaste el te amo. ¿Por qué no se lo dijiste ese domingo, parce, cuando ya la viste doblando la ropa?
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PermalinkEste me pasó las cuarenta sin darme cuenta, mano, y eso conmigo es mucho. ¿La página 47 es de verdad o le pusiste el número por ponerlo?
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PermalinkCorté justo donde ella dice lo de ser querida y me costó harto no seguir buscando el dos. ¿Cuándo subes el que sigue, po?
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PermalinkEsa escena de la casa el domingo, con ella doblando la ropa despacio, me ha recordado a la mía. Mi mujer murió hace dos años y sus libros siguen en la estantería del pasillo, y yo empecé a leer por ahí sin haber leído nunca antes. ¿Ese libro que te dejó lo tienes todavía en casa o se lo devolviste a ella?
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