Surcando los cielos,
vi al cruel dragon,
que cierra ciclos enteros
y no acepta ningun perdon.
A veces miro al cielo y me pregunto,
si los dioses nos envidian algo,
a un ser que le llora a su muerto,
y que se condena solo.
Sin respuesta me quede,
pues del cielo fuego cayó,
quemando al cruel y al inocente,
el castigo sólo decendió.
Mas ahi permanecí,
viendo al cielo tornarse de carmesí,
A un celeste de esperanza,
pero lleno de venganza.
Vi al pobre y al más rico,
Subir sobre a la cima de un risco,
declarando la guerra a las nubes,
donde no habian dioses nobles.
Y ahora el cielo se tornó gris
y el rugir de los inmortales,
maldijo cualquier color del arcoiris
y redujo a los hombres libres.
Y entonces comprendí,
que nos envidian la muerte,
pues yo si emocione al contar lo que viví
y ese fue nuestro ultimo fuerte.
Cuando el dragon volvió,
no hubo nada que quemar
y sin proposito se quedó
pues ya nadie iba a ganar.