Les dije a todos que te dejé ir...
mentí.
Aún conservo una parte de tí,
esa parte que existía cuando estabas aquí.
Esa risa que salía de la nada,
un comentario al azar
o esa forma tan particular de andar.
Me quedé con tus ganas de seguir,
con tu instinto de insistir
y tu perseverancia de aprender a vivir.
Cuando conocí esa nueva versión,
no llegue a reconocer,
¿cómo era posible que alguien
cambiara así?
¿cómo de repente
del día a la noche
ya no te importaba como vos a mí?
De repente la historia rota que nos unia,
aquellos pedazos
que siempre juntábamos a la par,
ahora solo los juntaba yo
junto al eco de tu voz.
Me sorprende que hayas dejado este lugar
como si nunca lo hubieses pisado,
que hayas dejado de bailar
las canciones que repetía tu pasado.
Me jode
que me hayas dejado todas estas dudas
en las manos,
como si no merecieran respuestas,
como si no hubiesen existido deudas.
Aprendí
(a mala gana)
a vivir sin vos...
me tocó, con mucho esfuerzo,
tener que olvidar la idea de tu regreso
y me esfuerzo en la actualidad
de verte como si fueses alguien más.
Me duele ver la misma expresión...
los mismos ojos,
la misma sonrisa,
los mismos rasgos,
la misma mujer...
y saber que aunque luzca igual, ya no lo es.
No importa...
yo te conservo acá,
sigo jugando con esa sombra,
y le muestro todo lo que logré.
Ella sí responde mis mensajes, aunque no pueda abrazarme tan bien.
Tu antigua vos está acá...
está contenta de verme progresar,
me ve avanzar y me aplaude desde atrás...
Aunque igual
la sigo buscando en la multitud
cuando algo sale mal,
pero ya no está.
Se va deshaciendo de a poco
porque bueno...
es lo normal.
Cuando uno tiende a no poder recordar bien
las cosas se empiezan a borrar.
Jamás voy a entenderte del todo
pero te dejo ser,
sin rencor,
sin espinas.
Pero por si las dudas,
sigo guardando recelosamente el espacio
por si se da volver...
por si te da querer regresar,
yo todavía estoy acá.