Esto acaba con Valo de guitarrista fijo y Vero defendiéndolo del tipo ese antes del 21 de septiembre. Apuesto por la iglesia vieja como sitio de la bronca gorda.
Latidos De Porcelana: Capítulo 3 - El Gato Callejero
Llevo tres días soñando lo mismo. Estoy en un escenario, cantando. El público, entusiasta, obvio. Pero no reacciono ante lo evidente que es este sueño. Todo el público son gatos de ojos amarillos. Y…
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Pensamiento
Esto acaba con Valo de guitarrista fijo y Vero defendiéndolo del tipo ese antes del 21 de septiembre. Apuesto por la iglesia vieja como sitio de la bronca gorda.
Contenido de la publicación
Llevo tres días soñando lo mismo. Estoy en un escenario, cantando. El público, entusiasta, obvio. Pero no reacciono ante lo evidente que es este sueño. Todo el público son gatos de ojos amarillos. Y uno en particular, de traje oscuro, el cual se me acerca y danza conmigo como si fuésemos novios. Necesito que alguien me diga qué significa. Ah, me faltó mencionarte algo: al final del sueño, uno de los gatos del público levanta una pancarta con la palabra CACA.
Es ahí cuando percibo la alarma de la mañana. Estiré la mano con total tranquilidad, como una dama debería despertar. Claro, tiré algunos libros de mi velador, mi fuente de cereales, la figura de mi diosa Mina Virtanen, hasta alcanzar el maldito y escandaloso teléfono. Cuando vi la hora, me quise morir.
7:45.
—¡MAMÁ! —grité mientras las desdichadas sábanas se aferraron a mis piernas y rodé por el piso—. ¿Por qué no me despertaste?
—Hija, no sé por qué pones la alarma cada cinco minutos si no te despiertas con ninguna.
—¡Voy a llegar tarde!
—Verónica, ya estás lo bastante crecidita como para que te ande despertando. Además, ya lo intenté y me respondiste con un ruido de foca.
Mi madre, Anya Petrova, es mi todo. Es mi confidente, sus manos siempre huelen a ajo y perejil. Ella es la barrera que impide que mi padre me vuelva loca del todo. Es mi total apoyo, como Sofía. Ya te diré quién es Sofía. Ahora intento crearme un Outfit. Para mi sorpresa, nada combina. Mi papá tiende a comprarme la ropa... enserio les recomiendo que no dejen que eso les suceda.
—Son las 7:50, Verónica.— Dijo mi mamá volviéndome a la realidad.
Ya no había tiempo. Los zapatos ni siquiera parecen del mismo par. Pasé por el espejo con el cepillo de dientes en la boca. Parecía una loca en crisis, llena de espuma, y mi pelo... Dios. Solo me lo peiné con las manos.
—Hija, los platos no se lavan solos. A la vuelta quiero que saques toda la loza de tu pieza, incluida la que tienes debajo de la cama, y la laves.
Asentí a todo. Lo sé, lo sé. Tengo ropa que lavar. La semana pasada perdí mis llaves. Las había dejado dentro del congelador. Pero esto es culpa de mi padre, definitivamente. Dejé el cepillo de dientes donde cayera, en el frasco de orégano. Me enjuagué en la cocina y me robé la tostada de mi mamá. Sé que solo se come dos, y esa tercera en su plato era para mí.
—Adiós, hija.
—Adiós, mamá. Y por cierto, ¿podrías apilarme los libros que tiré? ¡Porfi!
Salí directo al ascensor y le di a ese maldito botón. La pantallita marcaba: 1... 2... 3... Qué agonía. Es como si alguien lo estuviera subiendo a pulso. ...5... 6... Le di más veces al llamado. Abrieron las puertas, entré y apreté el 1 unas mil veces más. Compré el boleto del bus hacia la preparatoria Ressu en mi teléfono mientras me llenaba la boca de pan. Cuando salí, le dije al portero:
—"Graciah, Phavier".
—Que tenga buen día, señorita Petrova.
No debí hablar con la boca llena. Eso no es de señorita. Pero Javier lo entiende. No es la primera vez que me ve así.
Para milagro mío, el bus está en el paradero. Me subí y partió justo cuando me senté. Parece que todo esto es algún tipo de escena de acción, pero no. Esto pasa la mayor parte del tiempo. Mi padre me mueve a hacer cosas aún más arriesgadas.
Tomé mi teléfono y le marqué a Sofía. Sí, mi mejor amiga desde segundo año. Mi sol, de ojos celestes, de un cabello hermosamente rubio y su carita de niña buena. Ñee, error. No es una niña buena. Sofía es todo lo que defino como admirable. No piensa las cosas antes de decirlas, y eso me mata de risa. Es directa con lo que piensa. A veces es un poco brutita, pero como dice el dicho: "toda caja de herramientas necesita un martillo". El único problema de la cotorra —perdón, de Sofía— es que se le sale lo que no debería salírsele. Es mi cómplice, y a veces confiesa alguno que otro secreto, bajo presión o en medio de una risa. Así es ella. La amo como es.
Me quedo leyendo los libros de Lo racional como razonable. Un tratado sobre la justificación jurídica, escrito por Aulis Aarnio, así como otros tantos libros densos de leyes, hasta las dos de la mañana, para memorizar. Porque mi padre ya definió mi vida. Y eso que ni siquiera sé si entraré a la universidad.
Cuando las discusiones con mi papá fueron creciendo, él me dijo:
—Si sigues desobedeciendo y dejando de lado tu responsabilidad, te devolveré a Rusia y te pondré en un internado.
Quizás en primer año me hubiera dado igual. Hubiera visto a mi tía Irina y convivido con ella. Pero, Sofía... ahora no imagino apartarme de la única persona que se acercó a mí en el patio cuando estaba sola y apenas sabía pronunciar bien el finlandés. Aprendí todo con ella. Incluso los insultos. Pero trato de no acostumbrarme a decirlos, no quiero que mi padre me escuche decir alguno.
Bueno, antes de secarme mi lágrima imaginaria, le escribí un mensaje a mi querida amiga:
—¡Voy atrasada! Asegúrame un espacio junto a mí y distrae a Aino. Usa tus habilidades de cotorra para una buena causa.
Y mi sol, mi querida y amada hermana de otra madre, me envía un "cotorra tu abuela" con un emoji de un dedo medio levantado. La amo.
Al llegar a la avenida correcta, bajé y comenzó el ejercicio matutino: estiramiento de piernas al saltar por la puerta del bus, sprint por la avenida combinado con evasión de turistas. La puerta se ve en el fondo, y ya veo que la comienzan a cerrar. Es ahí cuando se pone a prueba mi esfuerzo de todas las mañanas.
Y sí, lo logré. El portero anotó mi llegada y me dijo que me daría un recordatorio. Daa, tengo como veinte de esos. Son la prueba de un buen ejercicio y de mantenerme en forma... "en forma de palo", me diría Sofía. Pero no entiende que no puedo usar ropa ajustada. ¡Gracias, papá! El otro día llevaba una polera de Mina Virtanen, ¿y sabes qué me dijo mi progenitor? "Ahora eres satánica". ¿Qué? ¿En serio? Bueno, me fui por las ramas. A veces me pasa.
La puerta de la sala sigue abierta, y veo a Aino, la Guillotina, cerrándola. No detuvo el movimiento de la puerta. Lo hacía lento mientras mantenía la mirada en mí. Así que metí mi lindo pie entre la puerta y el marco. Le rogué que me dejara entrar. Lo que menos quería era que mi padre viniera de la oficina a justificar mi retraso. Eso me costaría dos semanas de abstinencia de cotorra.
—Su concepto del tiempo es distinto al mío, señorita Petrova. Son las 8:01.
—¡Lo sé, profe! Pero por favor —junté las manos fingiendo súplica y añadí una frase que me encantó, dado que ella es profesora de física—: el tiempo es relativo.
Ella me miró sobre las gafas, creyendo que a mí me gusta la física. Daa. La odio. Ya me tienen estudiando leyes desde segundo año de preparatoria. Ya no me cabe nada en la cabeza.
—Adelante... La próxima vez tendrá que venir su padre.
Muy feliz entré, mientras buscaba a mi sol. Y estaba sentada, muy felizmente, al lado de Lucas, mi otro confidente. Ambos se encogieron de hombros, dado que la sala estaba demasiado llena. Pero había un solo espacio... Sí. El ser más insolente y cruel de toda la preparatoria Ressu: "Víctor Van Dort", o como su registro educativo dice: Valo Omena. El clásico estereotipo de "soy inalcanzable", "mírenme, soy melancólico". Aagth. Me nace el dolor de barriga.
No es que en sí me haya nacido odiar a este gato callejero. Es que una vez, en primer año, me doblé el pie, me caí frente a él, y adivinen: me miraba mientras sonreía, el muy simpático. ¡Se reía de mi desgracia! Desde entonces me cae regularmente mal. Pero luego escuché que llama a Aino por su nombre. Es un insolente. ¿Se excusa por llegar de los primeros? Bueno, ya me fui por las ramas otra vez.
Ahora estoy sentada al lado de él. Y percibo el denso aroma a café y tabaco que emana. Su boca debe ser un nicho de cadáveres entre cigarrillo y malas palabras.
Por un segundo intenté llevarme bien. Me dije: "Verónica, tal vez juzgas antes de conocer bien a las personas". Y yo muy educadamente mientras él escuchaba música, le dije:
—Parece que seremos compañeros de trincheras.
Se sacó los audífonos , entendiendo que quería prestarme su atención, le pregunté qué escuchaba. Gran error. Me dijo que "qué mierda me importaba". Bueno, eso deja claro que tuve buenas intenciones de sociabilizar, pero algunos simplemente prefieren la soledad de su mente.
Ni siquiera me enojé.
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Ya terminando el día en la prepa, nos juntamos con los chicos para el ensayo del aniversario de la preparatoria Ressu, el 21 de septiembre. Haríamos un festival de música en la iglesia Vanha Kirkko, pero le diré "la iglesia vieja", así también se le conoce, dado que también me cuesta pronunciar ese nombre.
Lo que me lleva a anunciar es que, aunque es muy poco probable —bueno, diría imposible—, el director envió una petición a Mina Virtanen para cantar en la iglesia. Dios... solo imagínalo. Cuando me enteré, hice todo lo posible para ser su segunda voz. Me puse de cabeza a estudiar leyes como si de pronto las amara con toda la vida, para que mi padre me permitiera cantar en el evento obvio. ¿No lo mencioné? Sí, soy cantante. Es mi gran sueño. Ser como Mina.
Con Sofía quisimos ir a su show en Rusia, pero no hace falta mencionar a causa de quién no fui. El chiste se cuenta solo. Sofía tampoco fue, porque dijo que sería de muy mala amiga ir sin mí. Esa es mi cotorrita, me seco otra lagrimita imaginaria.
Otra vez me invadió la distracción.
Como decía, Sofía y yo estamos con los chicos de tercer año de la Ressu: Jeff y Marcos . Jeff es el baterista. Imagínatelo rubio, de gafas redondas. Yo le digo "Lewis", el personaje de Meet the Robinsons. Ya puedes hacerte una idea. Y nuestro bajista, Marcos... bueno, Marcos es como el burrito de Winnie the Pooh, pero desagradable. El que siempre hace chistes de "tu mamá esto", "tu mamá aquello". En fin.
Estamos de camino a la Oodi, la biblioteca más increíble de Helsinki. Tiene de todo. También un estudio para ensayos. Yo, toda animada, feliz porque tenía el consentimiento de mi padre. Estaba la posibilidad de que Mina fuera —Dios me escuche— y ese gato callejero está por usar la única sala disponible. ¡No puedo permitirme que se robe mi única oportunidad!
Ya luchaba con la puerta mientras llevaba la guitarra al hombro.
—¡El estudio ocho es nuestro! —le espeté.
Pero él, al verme, insistió en seguir intentando abrir la puerta. Es como un maldito gato al que le dices que no y sigue insistiendo en querer tirar la taza de la mesa.
—¡Nosotros llegamos antes! Queríamos reservar la ocho —le insistí con tranquilidad.
Pero él balbuceó que no era su problema y que siempre usaba ese salón. Discutimos un poco. En serio, soy paciente. No le dije nada despectivo.
—¡No me vas a fastidiar el festival, gato callejero!
—¿Por qué no bajas la voz? Pareces una bocina —me dijo el desdichado e insolente desgraciado.
Pero Jeff se interpuso en nuestra plática social.
En la desesperación, imagino yo, Jeff le dijo a Omena:
—¿Qué traes ahí? ¿Electroacústica? ¿Eléctrica?
—Eléctrica —contestó el desdichado.
¡Y lo hizo con toda la calma del mundo!, ¡como si no fuera un antisocial! Contuve la calma, pero es que su cara... cuando hablaba o fingía hacerlo con Jeff, lo hacía con total normalidad. Pero al mirarme, se reía de mi. ¡Le daría una de esas patadas que Sofía me enseñó!
Pero en la conversación entre ellos escuché que Lewis —Jeff— , le pedía que fuera nuestro guitarrista.
—Espera, Lewis. Dijimos que Leonard era el guitarrista.— le recordé, pero Jeff insistió.
—Vero... Marcos lo llamó toda la semana y no le contestó. Nos va a dejar tirado para el evento.
Entonces, como un milagro, "Víctor Van Dort" mostró su verdadera cara. Dijo que nos quedáramos con nuestra "pecera" y bla bla bla. No es que yo haya celebrado, solo entendí que él tiene mejores cosas que hacer como todo el mundo.
—Sí, ¡vuelve a tu ataúd! —le dije con total tranquilidad.
Pero Jeff fue tras él... y estuvieron bastante tiempo hablando en el pasillo. Lo que me llamó la atención es: ¿Qué le dijo Jeff? Porque el gato callejero cuando volvía, había perdido todo el color de su rostro. Parecía ido. ¿Jeff lo habrá amenazado? Difícil... Omena es muy alto. Jeff apenas le llega al hombro... así que asumí que no sabe hacer amigos, y entramos al estudio con él.
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Durante el ensayo, Omena no se despegó del cristal de la puerta. Miraba hacia afuera como si hubiera visto a alguien y pretendía ocultarse. Jeff lo animó a que se incorporara, pero parecía ido.
Entonces tocamos. Yo canté un par de canciones de Mina, «Delete Me». Me enfoqué en verme como Mina, pero al gato pareció llamarle la atención. Así que le di más de mí. Me robé la atención de él. Lo usé como un foco de desahogo. La letra tenía mucho de eso.
Al notar que cedía un poco, Jeff lo incorporó pidiéndole que participara, y continuamos la canción. Me cae mal este tipo, pero tocaba bien.
Sofía, la encargada de la grabación, estaba grabando evidentemente al vampiro de la clase. No pude encontrarme con la mirada de ella y decirle: "¡Qué haces!". Los chicos se animaron. El grupo milagrosamente funcionó, y sin la participación de Leonard, quien prefiere tocar en un bar a cambio de dos cervezas, esta banda funcionó.
Ensayamos un par de temas más. La idea es completar todo el último álbum. Fue cuando, al final, Omena tomó sus cosas y se apresuró a irse. Jeff le insistió en que participara con nosotros, pero este se detuvo en la puerta como si le diera miedo cruzarla. Vi cómo su mano tembló en el pomo. Me llamó bastante la atención. Y antes de irse, dijo que lo pensaría.
Rato después ya la hora estaba por terminar. Sofía pareció poseída por su otra personalidad: la desinhibida.
—¡Lo viste, Marcos! ¡Qué guapo se ve aquí! —le dijo ella mientras le mostraba el video donde Valo Omena ocupaba toda la pantalla.
Marcos cerró el estuche de su bajo con más fuerza de lo normal. Pobre Marcos. Es que Sofía en verdad no tiene interés en ti.
Tomé mis cosas. No puedo quitarme de la cabeza por qué el vampiro estaba así. Entonces Jeff notó mi cara. Él tenía la misma, y lo que dijo paso a preocuparme un poco:
—En el pasillo se puso peor.
—¿Cómo, peor? —le pregunté.
Nos dijo que estaba intentando convencerlo y que, de repente, su forma de ser cambió rotundamente. Que comenzó a mirar a todos lados como si le diera un ataque de pánico. Pensé que exageraba, pero yo también vi ese movimiento imperceptible de sus manos y cómo dudó en salir, si tenía tanta prisa.
—¿Dices que alguien lo estaba acosando? —dijo Marcos, y eso me puso a pensar.
Con Sofía nos vimos las caras. Recordamos lo que sucedió en tercer año de preparatoria.
—Cuando íbamos en tercero, con la Vero, vimos un tipo de mal aspecto, zamarreó a Valo frente a la Ressu y le dio una bofetada.
—Sí —confirmé—. Le dijo algo de "estoy harto de cuidar a tu tía".
Sofía me remendó diciendo:
—Dijo "a la puta de tu tía".
Jeff nos sugirió hablar con Aino de este asunto, y que si Valo Omena aceptaba estar con nosotros, deberíamos estar atentos a su entorno. Ya que, al parecer, había aceptado tocar con nosotros solo para esconderse o estar seguro.
—Seguro lo acosa tu mamita Jeff jajaja
No hace falta mencionar quien rompió la tención del momento.
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Caminábamos por la avenida. Compramos unos helados con la cotorrita mientras hablábamos de Marcos, del porqué Sofía no le daba una oportunidad al "burrito Igor" del grupo.
Debo admitir, lamentablemente, que a mi amiga le gustan todos. Es verdad. Y se muere por Leonard —cosa que sí la entiendo—, pero la forma de ser de Marcos es un repelente. Siempre que está con Jeff suelta esas bromas de "tu mamá". Además, es insensible y mujeriego. Yo comparto la misma idea que Sofí; no hay por dónde salvar a ese tipo.
Ahora, con Sofí es distinto. Ella es muy centrada para rechazar a los demás. Es muy cálida, cuida el corazón ajeno, es toda una dama...Aparentemente, hasta que te oiga hablar de Leonard, porque esta tipa se convierte en una depravada que posiblemente te hará pasar una vergüenza pública.
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La ciudad comenzaba a oscurecer y nos dirigíamos al paradero. Fue entonces que nos vimos sobresaltadas por un ruido estruendoso, seguido por alaridos de personas. Habían atropellado a alguien. Y lo peor de todo es que, al acercarnos, Valo Omena estaba en el piso.
—¡Lo conocemos! Permiso, es nuestro compañero de clases —dijo Sofía mientras se interponía entre los demás—. ¿Valo, estás bien?
Él asintió, pero seguía mirando a todos lados. Me acerqué y lo levantamos del suelo mientras el taxista nos gritaba improperios, y mi amiga educadamente le contestó:
—¡Cállate, viejo de mierda! ¡Mejor ve por donde andas!
Mientras yo intentaba tranquilizar a Valo.
Negaba e insistía en que no llamáramos a nadie. No quería ir al hospital, solo quería irse de ahí. Lo tranquilicé. Sus manos estaban frías, y temblaba completamente. No precisamente porque lo hayan atropellado, sino por lo que seguía buscando mientras su mirada se iba a todos lados.
Esto definitivamente se está yendo de sus manos. Debemos hablar con Aino sobre esto... Él no está bien.
Thoughts
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PermalinkLa tostada de más en el plato de Anya, que se come dos y deja la tercera sin decir nada. Mi mujer hacía lo mismo con el café, lo dejaba servido y yo fingía no darme cuenta.
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PermalinkEsto acaba con Valo de guitarrista fijo y Vero defendiéndolo del tipo ese antes del 21 de septiembre. Apuesto por la iglesia vieja como sitio de la bronca gorda.
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PermalinkJeff hablando con Valo en el pasillo y Valo volviendo sin color en la cara es lo que mas me intriga del capitulo. Apuesto a que lo que le dijo Jeff tiene que ver con el tipo de la bofetada frente a la Ressu, y me suena a que Valo acepto tocar con ellos mas por estar acompañado que por la musica.
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PermalinkEl atropello no me convence como accidente. Valo iba mirando para todos lados antes y después, como si alguien lo hubiera empujado a la calle. ¿Sofía alcanzó a ver quién estaba cerca antes del golpe?
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