El campo de entrenamiento era un lugar muy amplio, justo como lo imaginaba,
como lo que me costaba mi adorado padre...
-Tu acompañante será Michael, él te preparará.
Dijo con un tono amigablemente mientras sonreía con una calma y angustia
en su cara.
-¿Dónde está?
-Estará contigo en unos minutos; me tengo que retirar ¡Suerte!
Marchó de inmediato con rapidez, se notaba su apuro con tan solo mirarlo.
Aunque tendría que esperar por conocerlo me sentía algo olvidado, sentía
una paz en mi interior como si la bondad se expandiera por todo el campo.
-¿Colecciones mariposas?
Me voltee para mirar el rostro de una chico menor que yo, su voz suave como
el aroma de las rosas. Su cabello dorado, su boca pequeña, sus pestañas largas,
su cara inmaculada; era como la de una mujer, pero era un hombre con una mirada
inocente que sonreía con paz en su corazón. Reía como un niño al correr en un
juego como las congeladas.
-No...
-Lastima, me hubiera gustado coleccionarlas contigo.