Ella era una joven tímidamente bella, pero que se sabía hermosa. Sonreía como una niña que invitaba a jugar; no era mala, sino rebelde. Su rebeldía era la de una pequeña que buscaba salirse con la suya, una rebelde encausada en el amor, en la libertad en su instinto de exploración.Le molestaba que la lastimaran con comentarios hirientes o violentos; despreciaba enormemente eso. Demostraba una sofisticación propia de los ingleses campesinos; aunque vivía en la ciudad, le gustaba tanto la naturaleza del campo como la modernidad urbana y su moda. Sabía vestirse elegantemente bella asi sacar provecho de su atractivo, vestía sutilmente elegante y sofisticadomente sexy, propia de la sutileza europea sin caer en lo vulgar pero tampoco en lo puritano, cuando uno la miraba podía notar una timida belleza floreciente; era al momento de conocerla que uno se percataba de su picardia juvenil, esa picardía que se adquiere por la experiencia del arte, sin embargo su picardía no caí en lo grotesco y su inteligencia la encaminaba al romanticismo intelectual, una mujer que vivía en dos mundos, entre la salvaje naturaleza y el romanticismo poético que se gesto en Inglaterra, pero alejándose de los modales incluido en ellos los estériles convencionalismos ingléses, sin adornos de la aristocracia, solo los sutilmente necesarios para demostrar modales además de refinamiento, sin embargo su naturaleza campirana evocaban mas a la aventura de una campesina, un amor salvaje como el paisajismo expresionista de la vanguardia europea.
A pesar de todas sus increíbles cualidades, su mayor pecado era no saber elegir en el amor. Le bastaba con buscar hombres atractivos, mayores que ella o sutilmente intelectuales, pero no demasiado difíciles de entender: hombres rebeldes o, quizás, de tierras exóticas. Como dama inglesa amaba Inglaterra, pero un hombre italiano o francés le parecía una oportunidad perfecta para ampliar su horizonte; también podía enamorarse perdidamente del hombre salvaje del campo o de aquel surgido del mar. Sus relaciones no eran perfectas y a veces sufría por dejarse llevar por sus emociones más que por la razón. Le bastaba un hombre auténticamente real para que ambos pudieran ser auténticos debía existir química de lo contrario no aceptaba a ninguna persona. Sin embargo, era leal con el hombre que elegía; una joven que se dejaba llevar por la aventura más que por enraizarse en la tierra quizás eso hizo que su decisión de estudiar Teatro fuera un guante perfecto para sus delicadas manos . Por eso no podía pertenecer a una sola tierra, aunque amaba a su natal Inglaterra y a la Universidad de Cambridge, donde se matriculó en Literatura Inglesa y Teatro. El mundo se le abrió rápidamente gracias a su bondad y a su entusiasmo infantil.
La primera vez que se conocieron fue en la Riviera francesa. Él, un joven poeta bohemio, estaba de vacaciones disfrutando de la playa e inspirando sus sonetos en la naturaleza. Caminaba sobre la arena vistiendo un traje italiano totalmente blanco, a la moda, pero iba descalzo. Sostenía un libro donde anotaba sus poemas y dramaturgias. No era particularmente pobre, pero tampoco rico; su padre le había amenazado con desheredarlo si continuaba en la escuela de Filosofía y letras, pues no quería que su hijo se terminara convirtiendo en un pobre poeta sin recursos. Su padre trabajaba en el banco como prestamista y manejaba dinero en la bolsa de valores.
A él poco le importó la amenaza. Un día, de regreso de la Universidad de París, encontró a su padre en la sala. Molesto, el hombre sostenía un puro cubano, portaba un traje color café y unos zapatos del mismo tono. El padre lo miró con ira; sus cejas torcían los músculos para encajar una tiránica mirada que asustaba a cualquiera.
—Yo no sé quién te crees, jovencito, pero vas a responderme.
Su madre estaba al lado de su padre. Era una bella mujer que, a pesar de la edad, lucía joven y amablemente hermosa; vestía un traje Chanel con un hermoso tocado de la época.
—Cariño, no seas tan tosco con nuestro hijo —intervino ella.
—Joanne, no te entrometas. Joven, lo que quiero saber es: ¿qué piensas al hacernos esto?
Él no sabía de qué se trataba. Su rostro demostraba un total desconocimiento de la situación que lo rodeaba.
—Padre, ¿no sé de qué me hablas?
—De lo que hablo es de esta carta de la universidad.
Al mirar la carta, supo exactamente de qué se trataba, así que sus ojos se llenaron de temor al saber que la inminente tragedia lo esperaba.
—Señor, pensé que estaba claro que estudiarías Derecho y Leyes como tus hermanos. Así que no sé por qué demonios esta carta dice: "Señor, es un gran placer informarle que la solicitud para la carrera en Filosofía y Letras en París..."
Antes de que pudiera continuar, el padre del joven terminó con una gran sentencia:
—Señor, usted va a estudiar Derecho. No voy a gastar un céntimo por sus sueños infantiles de ser poeta o lo que demonios quiera ser.
La madre quiso defender a su hijo, pero su personalidad débil y sumisa se lo impidió; solo pudo soltar un pequeño:
—Hijo...
Mientras tanto, su marido la veía iracundo.
—Padre, lo lamento. Yo quiero estudiar Filosofía y Letras , no me importa si estás de acuerdo con eso.
La respuesta de su hijo terminó por provocarle más ira y su carácter bélico lo dominó, ese carácter que siempre imperaba en él.
—Pues claro que puedo hacer algo al respecto. Si decides seguir con este delirante juego, no recibirás apoyo de mi parte. No gastaré dinero para que un hijo ingrato juegue al poetucho.
Lejos de importarle al joven, su espíritu liberal e idealista también mantenía el carácter bélico de su padre, pero era un carácter adornado con un aire poéticamente lírico. Contestó con una joven anarquía:
—Poco me importa si me apoyas o no, padre. Si tú no aceptas mi decisión, yo veré la manera de lograrlo.
Su respuesta contenía todo ese espíritu joven e idealista.
—¡Basta, ingrato! Si continúas con esta campaña, me veré obligado a pedir que te retires de esta casa. No tendrás ningún apoyo de mi parte.
La contienda continuaba y su vehemente espíritu juvenil respondió:
—Desde hace tiempo he sabido que nunca tendría tu apoyo. Yo siempre fui un proyecto personal con el que buscabas encajar tu vagón de sueños frustrados.
Su padre, enfurecido, claudicó con más ira:
—Por lo que a mí respecta, yo ya no tengo hijo y olvídate de la herencia. Lárgate de mi vista. Si pasas por esa puerta, nunca más vengas a buscarnos, ni a mí ni a tu madre.
El joven irascible se marchó de esa casa que jamás simbolizó su auténtica esencia. Él se había enamorado del idealismo bohemio y de las vanguardias francesas que le había cambiado totalmente la vida .