Capítulo 23
Hacían ya quince minutos que la secretaria había anunciado "Licenciado Durán, el señor Menéndez Paz está en recepción", le pidió que lo esperara y le preguntó si deseaba un café. Miguel siempre se hacía esperar, no para joder, simplemente porque sí, porque siempre se entretiene en algo. Sólo ella y él ocupaban la recepción; miró sus piernas, bien formadas, pero cortas. Inmediatamente pensó en las piernas de Sörensen. Tomó el último sorbo de café pensando que tenía que borrarse a la sueca, necesitaba toda su capacidad y concentración para llevar a cabo la operación, después...tal vez no.
Ya en la oficina de Miguel, desplegó el plano, corrió el cenicero, la lámpara y los libros, Baudrillard, Foucault, Lacan, Feyerabend, que se apilaban sobre el escritorio. Siempre lo mismo, pensó Federico, este mantenido viene a la oficina para leer, llamar a sus minas, y laburar...nada.
Miguel lo miraba con curiosidad y en silencio. De ahí podía salir algo interesante. Empezó a explicar puntillosamente su plan, marcando con monedas, cruces y círculos, los puntos de entrada, desplazamiento y fuga.
-Escuchame - dijo - éste es el plano del lugar donde se va a hacer la entrega de los premios. Observalo bien. Van a tener que grabarlo, no puede haber errores, una sola equivocación y perdemos todos. No te olvides que no somos muchos. Mirá bien.
"Escuchame...observalo...mirá bien", esa manía de Federico de vivir dando órdenes era particularmente molesta para Miguel, pero por ahora, se la tenía que bancar, iba a asentir como un perro fiel y manso.
- Lucas va a ingresar al lugar vestido como personal de mantenimiento del hotel. En estas oficinas están los empleados, las computadoras y la central de teléfonos. Lucas, desde acá, la caja de entrada de la línea, los va a cortar. Después va a ir a los baños, ahí están los fierros que yo habré escondido. Junto con el Negro, que va a estar como personal de vigilancia, se encarga de los empleados de la oficina y otros guardias desarmándolos y encerrándolos acá. Todo esto, cuando el acto haya empezado y todos estén ocupados con lo que pasa en el salón. Nosotros vamos a estar en el salón, vos acá y yo acá. Cuando llegue el momento, sacamos los fierros y pegamos el grito. Mientras sorprendemos a la gente, Lucas entra por esta puerta y se levanta la valija con la guita. Vuelve por este pasillo hacia la recepción y se une al Negro quien ya habrá trabado las puertas marcadas en rojo y colocado un dispositivo caza bobos hecho con granadas, de manera tal que si alguien intenta salir para avisar o seguirnos o entrar...bum y a otra cosa. Cuando Lucas llega con la guita, salen por acá, el Negro asegura la puerta y rajan en el VW que va a estar estacionado acá. Nosotros salimos después, despacio, trabamos esta puerta con otro dispositivo y rajamos en el Renault que va a estar acá. Ya tengo los fierros: dos Itacas, dos metras y pistolas nueve. También están las granadas y los coches. Si nadie interfiere, salimos limpios, sin tiros ni ruidos. Miguel, apagá la música, no me puedo concentrar.
Obedeció sin ganas, con bronca, pero con su mejor cara.
- Gracias. Después, nos deshacemos de los coches y nos mandamos al subte, después en tren, al Delta. Ahí nos esperan para cruzarnos. Después cada uno por su lado al punto de reunión. ¿Está claro?
Lo que faltaba, ese "¿está claro?"...
- Sí, pero... ¿quién lleva la guita?
- Lucas.
- No te parece que sería mejor no llevarla...mejor dejarla en un lugar seguro, menos problemas y nadie tiene que andar con el toco encima, pensá que nos van a largar todos los perros y, para huir, la guita es un problema. Ustedes podrían seguir con el plan de fuga, mientras yo me bajo en Piedras y me vengo hasta la oficina y dejo los verdes acá en la caja fuerte. ¿A quién se le va a ocurrir buscar la guita del asalto en la caja fuerte de una empresa de personal temporario?
-Sí, puede ser, ya veremos, por el momento, quedamos así.
Miguel asintió y felicitó a Federico por el plan. Dijo que ese era el camino, no la novela de Borges, una quimera, ni lo de escribir, una utopía, pero que, de todas maneras, él les iba a seguir el juego para que se desengañaran, Cuando el Negro viera que no llegaba, y Lucas comprobara que la novela de Borges no existía, iban a comprender que el único camino viable era el de Federico, y se iban a plegar. Mientras decía esto, su cerebro comenzó a recorrer la lista de embajadas donde asilarse y a pensar en un plan para que fuera él quien saliera con la guita del hotel. Cuando estuviera solo y con la torta...que le echaran los galgos. De todas maneras, tenía tiempo. Si llegaba a darse lo de la novela de Borges, se ahorraría todos los riesgos del plan de Federico, no tendría que poner el cuerpo, y se juntaba con la guita igual. Mas la fama. Eso, Federico no se lo ofrecía
Federico recogió las monedas y enrollo con cuidado el plano.