La vejez había permanecido encerrada, pensando que aumentaban sus canas, soñando con mejores momentos de su juventud y triste porque cada día que pasaba se sumergía más en las arrugas.
Un día decidió salir a caminar y se encontró con la soledad.
Yo las observaba sentada en el parque. Ellas eran compañeras muy cercanas, porque con el tiempo, durante la vejez, algunos de sus amigos ya habían partido hacia otras esferas desconocidas para ella.
Entonces la Soledad comentó:
—¿Cómo te sientes hoy?
A lo cual la Vejez respondió, preocupada:
—El tiempo pasa y eso no ayuda con el temor que tengo.
La Soledad le dijo:
—Pero todo depende de cómo lo mires. Puedes aprovechar para venir todos los días a este lugar donde estoy y compartir conmigo. Soy esa que te muestra las cosas como verdaderamente son. Soy aquella que te irradia calma cuando confías en tu presente. Solo tienes que estar aquí y ahora, y atraerás mucha alegría a tu vida.
Hizo una pausa y continuó:
—El secreto, a mi modo de ver, es anclarte al presente. Te voy a preguntar algo: en este momento presente, sin pensamientos, ¿tienes algún problema? Sé sincera. Sin pasado y sin futuro. Solo aquí, donde estás sentada, mirándome.
La Vejez, que no estaba acostumbrada a ser interrogada ni a responder de manera positiva, pensó durante un momento.
—Nunca lo había visto así, pero en verdad no tengo problemas en este diminuto instante, en este microsegundo que va unido a otros nanosegundos del existir.
Entonces la Soledad le dijo:
—¿Viste? Porque esos pensamientos que tienes solo son eso, pensamientos, y te castigan. No estás sola, no estás vieja. El alma no envejece. El ciclo natural del cuerpo te muestra arrugas y canas en el espejo, pero el alma tiene la edad que quieras colocarle, la edad cronológica que sientas y el amor con que te dirijas a ti misma. Si ese amor es suficiente, nada será un obstáculo, sino un apoyo para mostrarte el camino.
De repente, mientras ellas estaban absortas en la conversación, llegó el Pensamiento. Venía en bicicleta, cantando muy alegre, y les dijo:
—Traigo una carta. Es para las dos.
A lo cual la Soledad contestó:
—¿Pero es triste o alegre?
Y él respondió:
—Las dos cosas.
Entonces la Vejez dijo:
—Entonces no me interesa. Prefiero quedarme en este presente. Tú sigue en tu bicicleta y lleva a otros lugares todas esas formas de pensamiento. Yo, por ahora, solo quiero estar tranquila. Si un día quieres volver a venir a saludar, que sea con un pensamiento sano o que ayude al pensamiento triste a sentirse maravilloso, como en realidad deberíamos sentirnos los humanos.
Entonces el Pensamiento, que era tan emotivo como eufórico, se incomodó y dijo:
—¿Saben qué? Yo me voy a sentar con ustedes para no ir a más lugares. Pero voy a ser productivo: voy a construir dentro de mí solo cosas positivas y a repartirlas en mi bicicleta. Aunque todo parezca un caos, voy a pensar positivo. Voy a vibrar con las almas.
A lo cual la Vejez agregó:
—Voy a ocupar mi estatus, con canas o sin ellas. Si lloro, aplaudiré, porque soy sincera en mis lágrimas; y si sonrío, bailaré, porque manifiesto alegría.
—Fui creada para acompañar el camino de un humano, para mostrar que tengo mucha gracia y servicio, para valorar mi aprendizaje y mi experiencia.
—Así que, de hoy en adelante, seré la Vejez orgullosa que vive su momento, que sueña, que se maquilla, que se pone un lindo vestido celeste cuando quiere y que enternece con su mirada a cualquier joven o adulto que pasa. Seré aquella que vuelve a vivir como niña y logre ser la fuente de amor que no tenía en ninguna otra etapa.
En ese momento, cuando terminó de hablar, quedaron en silencio.
La Soledad se despidió y le dijo:
—Creo que hoy no necesitas compañía, pero volveré y sé que encontraré en ti grandes motivaciones.
El Pensamiento dijo:
—Yo, por mi parte, me quedaré un rato, habitando en el presente de alguien que está en equilibrio, sanando cada día todo aquello que yo invento para impacientar.
La Vejez les dijo:
—Gracias. Los quiero mucho y nos reuniremos cada vez que sea necesario, pero respetando mi gran estatus. No seré vieja seré como quiero ser, yo misma.
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