Voy a pedirle al sol que no salga, quiero una noche eterna. Quiero que la vivez y claridad de mis pensamientos perdure.
Lo superficial siempre es más fácil, más atractivo. No requiere análisis ni esfuerzo. Pero lo realmente gratificante siempre reside en el interior. Lo más bello de una ostra no es la ostra sino la perla que lleva consigo adentro. De eso se trata. Quiero hallar mi perla. Me entregaré al abismo, me adentraré en las profundidades de los mares, recorreré y buscaré en todos los arrecifes en busca de ella. Tallaré mis huellas en cada bioma, revisaré en cada nido, y cuando la encuentre, mi frívola mente descansará por fin. Morirá una parte de mí y nacerá otra. Hay gente que muere joven y hay gente joven que nunca vivió.
Que ingenuo de mi parte fue creer que ya estaba todo hecho, que no había nada más por hacer. Que pueril mi mente al pensar que no había misterios por descubrir. Infantil fui, no quise hacerme cargo de la inmensidad del universo y la pequeñez de mi existencia. Arrepentido estoy, porque por más fugaz que haya sido mi pensamiento, he pecado de ignorante. Quise darlo todo por hecho, para no tener que hacer nada. Hay tantos escalones para subir, que no me alcanzarán los pies. Aún no encuentro almohada que reconforte mi cabeza pesada.