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La última flor...

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Pensamiento

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La carta va para Luna, la firma es del amante de la Luna y la luz burlona en la puerta es el fulgor de ella. Chuta, leído así eran tres meses de rosas dejadas a la luna misma, a medianoche.

La carta va para Luna, la firma es del amante de la Luna y la luz burlona en la puerta es el fulgor de ella. Chuta, leído así eran tres meses de rosas dejadas a la luna misma, a medianoche.

Contenido de la publicación

Luna:

Este ha sido el último sábado, el último capítulo de esta masoquista y silenciosa tragedia que llamé amor.

Hoy, por fin, el reloj de la medianoche no dio una hora de esperanza, sino la sentencia de muerte definitiva para todo lo que fui, me quedé allí, plantado frente a tu puerta durante sesenta malditos minutos, sintiendo cómo la brisa espectral me congelaba los huesos, pero con el pecho ardiendo por dentro con un fuego tan agónico que apenas me dejaba respirar.

Estuve a punto de ceder, como siempre. Estuve a punto de buscar en el fondo de mis bolsillos rotos la ofrenda de esta semana, pero entonces, la memoria me apuñaló por la espalda y me devolvió al día exacto en que pronunciaste aquellas malditas palabras.

Las recuerdo y se me desgarra el alma de nuevo. No solo me dijiste adiós; me las dijiste como si me odiaras con cada fibra de tu ser, con una mueca de asco, como si jamás hubiera existido, como si los años, las entregas y las lágrimas que derramé por ti fueran un insulto intolerable a tu presencia, me miraste como si no fuera absolutamente nada, ni un recuerdo, ni un ser humano...una simple mancha en el suelo que querías barrer con desprecio.

Y ahí, en medio de esa bofetada de realidad, lo entendí todo de golpe, comprendí que seguir viniendo aquí era un acto de autoflagelación imperdonable, que cada sábado no era una prueba de amor, sino una forma lenta y miserable de suicidio emocional, entendí que lo mejor, lo único digno que me quedaba por hacer en esta vida, era no regresar jamás a este lugar.

Iba a dejar la rosa, como lo hice durante tres largos, ciegos y tortuosos meses, iba a dejarla sobre tu felpudo, esperando que la vieras al despertar. Pero cuando mis dedos temblorosos la rozaron, detuve el movimiento, me quedé mirándola bajo la pálida y burlona luz de tu fulgor.

Y tomé la decisión que debí tomar hace una eternidad.

En lugar de dejarte la rosa, la última de todas, mejor me la quedé.

Qué ironía tan dolorosa, tan cruel y retorcida la de esta vida, la última flor que mis manos temblorosas recolectaron para obsequiarte, la última prueba de que algún día te amé más que a mi propia vida, me la guardo para mí. No para adornar mi cuarto, sino para que sea la testigo silenciosa de mi derrota, será el estandarte de mi estupidez, la espina que me desangre por dentro cada vez que mi mente débil quiera traicionarme y arrastrarme nuevamente a tu puerta.

Me marcho con ella en la mano, viendo cómo sus pétalos ya empiezan a perder el color, tal como se marchitó mi vida el día en que decidiste que yo no merecía quedarme en tu mundo, ya no hay más ritos, ya no hay más medianoches de espera, ya no hay más ecos de mis pasos rompiéndose en tu umbral.

Me voy con el alma rota, escupiendo sangre y pedazos de lo que alguna vez fue un corazón latiendo por ti.

Suyo... hasta que esta rosa marchita vuelva a florecer. (Y sé muy bien, con el alma destrozada, que los muertos nunca resucitan y las flores secas jamás vuelven a la vida).

El amante de la Luna.

E.S.

Thoughts

  • noctambulo

    La carta va para Luna, la firma es del amante de la Luna y la luz burlona en la puerta es el fulgor de ella. Chuta, leído así eran tres meses de rosas dejadas a la luna misma, a medianoche.

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  • Dei

    Te llevas la flor contigo como prueba de que la amaste, como testigo de tu derrota; decides no volver allá pero te quedas con el recuerdo de la última noche esperandola y firmas: suyo hasta que la rosa marchita vuelva a florecer. Eso es muy subido.

    Creo que allí estará la flor marchita siendo más testigo de un alma generosa, aunque sepa a derrota.

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