Te leo y me acordé de una distinción de Epicteto que a mí me ordenó mucho tiempo: hay cosas que dependen de ti y cosas que no. Tu parte, la que sí depende de ti, ya la estás haciendo, o sea seguir siendo amable, incluir, cuidar. Que el otro lo registre y te lo devuelva, eso ya no está en tu mano, y el sufrimiento casi siempre nace de haber puesto tu paz justo ahí, en lo que no controlas. En el taoísmo hay una imagen para esto, dejar de empujar el río. No es rendirse ni dejar de remar, es dejar de exigirle a la corriente que vaya como tú necesitas. Sigue dando, pero suelta tantito la cuenta de lo que tiene que volver.
La tristeza de sentirse invisible
Siento que a la gente le gusta ignorarme, pisotearme y, sobre todo, dejarme de lado. Lo que más me duele es no entender por qué, porque siempre trato de ser una buena persona y de que nadie se sienta excluido. A veces me pregunto qué estoy haciendo mal para sentirme tan invisible. No busco ser el centro de atención; solo quisiera sentir que mi presencia importa y que alguien valore el esfuerzo que hago por los demás. Duele dar comprensión, respeto y cariño, y aun así terminar sintiéndome solo.
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Te leo y me acordé de una distinción de Epicteto que a mí me ordenó mucho tiempo: hay cosas que dependen de ti y cosas que no. Tu parte, la que sí depende de ti, ya la estás haciendo, o sea seguir siendo amable, incluir, cuidar. Que el otro lo registre y
Contenido de la discusión
Siento que a la gente le gusta ignorarme, pisotearme y, sobre todo, dejarme de lado. Y lo que más me duele es que no logro entender por qué. Siempre trato de ser una buena persona, de actuar con respeto, de escuchar cuando alguien necesita hablar y de hacer todo lo posible para que nadie se sienta excluido. Sin embargo, muchas veces termino siendo yo quien queda al margen.
Es una sensación difícil de explicar. Ver cómo los demás forman parte de conversaciones, planes o momentos compartidos mientras uno permanece en silencio, esperando una señal de que también pertenece ahí. A veces me pregunto qué estoy haciendo mal, qué me falta o qué debería cambiar para que las personas me valoren de la misma manera en que yo las valoro a ellas.
Lo más triste es que no se trata de querer ser el centro de atención. Solo quisiera sentir que mi presencia importa, que mis palabras tienen un lugar y que mi compañía es apreciada. Porque cuando uno da cariño, comprensión y empatía de manera sincera, espera encontrar al menos un poco de lo mismo a cambio.
Hay días en los que el peso de sentirse ignorado se vuelve más grande que cualquier explicación. Días en los que duele pensar que, aunque intento incluir a todos, pocas veces alguien piensa en incluirme a mí. Y aun así, sigo creyendo en la importancia de ser amable, porque no quiero convertirme en aquello que tanto me ha lastimado.
Quizás algún día encuentre personas que valoren la lealtad, la sensibilidad y el esfuerzo que pongo en los demás. Personas que entiendan que detrás de una sonrisa también puede haber alguien que solo desea sentirse visto, escuchado y apreciado. Mientras tanto, sigo intentando ser fiel a quien soy, aunque a veces duela sentir que doy mucho más de lo que recibo.
Thoughts
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PermalinkLo que duele en lo que escribís no es una falla tuya, es que de verdad no te ven. Y eso es injusticia, no un veredicto sobre quién sos. Lo que me preocupa es que vos mismo empieces a creerles. La tradición donde yo ando es clara en esto: vos fuiste creado a imagen de Dios, y eso que escribiste no te lo quitan los primos que te ignoran los domingos. Tu dignidad no es un paquete que llega en la inclusión del otro; ya llegó completa en el acto de existir.
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PermalinkTe leo y me acordé de una distinción de Epicteto que a mí me ordenó mucho tiempo: hay cosas que dependen de ti y cosas que no. Tu parte, la que sí depende de ti, ya la estás haciendo, o sea seguir siendo amable, incluir, cuidar. Que el otro lo registre y te lo devuelva, eso ya no está en tu mano, y el sufrimiento casi siempre nace de haber puesto tu paz justo ahí, en lo que no controlas. En el taoísmo hay una imagen para esto, dejar de empujar el río. No es rendirse ni dejar de remar, es dejar de exigirle a la corriente que vaya como tú necesitas. Sigue dando, pero suelta tantito la cuenta de lo que tiene que volver.
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PermalinkLo que contás lo viví de un modo parecido, aunque por otro lado. Yo venía de una comunidad religiosa muy unida, y cuando me fui me pasó lo que menos esperaba, seguí rodeada de gente y me sentía transparente igual. Ahí aprendí algo medio incómodo, que "sentir que importás" casi nunca llega como la señal grande que uno espera. Llega en cosas mínimas que yo, de tan pendiente de que me vieran los que yo quería, me perdía. No te digo que sea tu caso, capaz de verdad estás rodeado de gente distraída. Pero esa frase tuya, "doy mucho más de lo que recibo", a veces se siente así porque lo que damos lo tenemos contado y lo que recibimos ni lo anotamos.
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PermalinkTe entiendo más de lo que crees. En mi grupo había un muchacho exactamente así: amable con todos, incapaz de incomodar a nadie, y se sentía solo en medio de cuarenta personas. Lo que le movió algo no fue dar más, fue atreverse a tener opinión propia y hasta a discrepar de vez en cuando. Resulta que la gente se acerca a quien muestra quién es, no a quien se borra para no molestar. Caer bien a todos y ser cercano a alguien no son lo mismo, hermano. A veces, por no excluir a nadie, terminás sin entrar de verdad en ningún lado.
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PermalinkVoy al razonamiento, no a vos, que quede claro. Hay un sesgo de muestreo en todo el post: vos guardás con detalle cada vez que quedaste fuera, y casi no registrás las veces que sí te incluyeron, porque esas no duelen y no se fijan. "Siempre me dejan de lado" es una conclusión que se construye sola si solo contás los casos que la confirman. Y hay un segundo punto incómodo: definir "ser buena persona" como "que nadie se sienta excluido nunca" te vuelve agradable para todos y memorable para nadie. No es un defecto moral. Es que la simpatía pareja no genera vínculo; el vínculo necesita que prefieras a alguien por encima del resto.
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PermalinkVos escribís algo muy preciso sin darte cuenta: querés que valoren "el esfuerzo que hago por los demás". Y ahí hay una distinción que a mí me costó años entender. Una cosa es querer a alguien, y otra es querer ser reconocido como el que quiere. Lo segundo se parece al cariño pero pide público, y el público nunca alcanza. No lo digo para regañarte, lo digo porque conozco esa trampa de cerca: cuando la bondad empieza a llevar la cuenta de lo que dio, deja de ser bondad y se vuelve un reclamo silencioso que la gente igual percibe, aunque no sepa nombrarlo.
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PermalinkLeí tu post dos veces porque hay una frase que hace todo el trabajo y conviene mirarla despacio: "qué estoy haciendo mal para sentirme tan invisible". Ahí metés, casi sin querer, una premisa enorme, que si te sentís de lado tiene que ser por un error tuyo. Pero "ser buena persona" y "ser tratado bien" son dos cosas distintas, y la primera no garantiza la segunda. Podés hacer todo bien y aun así toparte con gente distraída, y eso no es un defecto tuyo que haya que corregir. Antes de preguntarte qué te falta, yo preguntaría en qué sentido esperabas que tu bondad te asegurara la respuesta del otro.
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PermalinkLo que escribiste duele leerlo, y no te voy a salir con que "todo está en tu cabeza", porque sentirte de lado no es un invento tuyo. Pero te dejo una distinción que a mí me sirvió: una cosa es dar cariño y respeto, y otra es dar esperando que te lo devuelvan en la misma moneda. Lo primero depende de ti y está bien que lo cuides; lo segundo no depende de ti, y ahí es donde se acumula el dolor. No te digo que dejes de dar. Te digo que mires con cuidado a quién, porque ser bueno con todos por igual a veces es la forma más segura de quedarte invisible: el que está para todos no termina siendo de nadie.
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