Las mejores cosas las encontramos en la sencillez, ¿no lo crees?
A veces nos perdemos tanto en lo complicado, en la necesidad de hacer algo grande para conseguir algo grande, que olvidamos el valor de las pequeñas cosas. Nos convencemos de que, para demostrar cuánto nos importa alguien, necesitamos hacer algo extraordinario, cuando, de vez en cuando, son los pequeños actos, esos que parecen insignificantes, los que terminan teniendo el mayor impacto.
Un «buenos días, ¿cómo estás?». Un «vi esto y me acordé de ti». Un «déjame ayudarte con eso». Un «esta vez lo hago yo por ti». Un «gracias por estar», incluso cuando la presencia del otro se ha vuelto tan habitual que olvidamos agradecerla.
Pequeños gestos, palabras sencillas, detalles que no cuestan demasiado, pero que pueden significar más de lo que imaginamos. Porque, al final, no siempre se trata de cuánto hacemos, sino de cuánto cariño ponemos en aquello que hacemos. No se trata de sorprender a alguien una vez, sino de encontrar pequeñas maneras de recordarle, una y otra vez, que es importante para nosotros.
Y, sin embargo, hay algo curioso en todo esto: así como las mejores cosas pueden encontrarse en la sencillez, también podemos perderlas en ella.
---M.S.M---