Hoy te vi, y te ves mejor que ayer.
El viento jugaba con tu cabello y el sol hacía brillar tu piel. Entonces te imaginé: desnudo, acostado en mi cama, con la luz de la luna entrando por la ventana.
Te juro que suspiré. Casi pude percibir el aroma de tu piel, sentir tus brazos fuertes rodeándome e imaginar tu cabello húmedo por el sudor cayendo sobre tu rostro, mientras me perdía en tus besos con una urgencia casi imposible de contener.
Mi piel se erizó y, por un instante, viajé a ese mundo de fantasía donde solo existimos tú y yo.
¿Cómo te explico que cada noche habitas mis sueños y que mi cuerpo te llama con devoción?
Pero, por ahora, verte, aunque sea de lejos, sigue siendo mi mayor pasión Y, cuando nuestras miradas se encuentran, siento que en la tuya vive el mismo anhelo que tengo yo...