Una hoja en blanco,
el miedo del lápiz al comenzar,
el temor de llenarla,
de no saber qué escribir,
de no saber qué dejar.
Pero más miedo me da
tenerla frente a mí
y dejarla en blanco.
Disfruto el camino,
pensar y pensar
qué poner en sus líneas,
dejar algo de mí,
algo que quiero entregar.
¿Podré ser más?
¿Podré continuar
con todas mis ideas,
sin que algún día
me lleguen a destruir?
¿Quedaré vacío
en algún momento?
¿O quedará toda mi vida
escrita en una sola línea,
perdida entre tantos pensamientos?
¿Será la vida
una hoja en blanco
que debemos llenar?
Con amor y amistad,
con tristeza y alegría,
con victorias y derrotas,
con momentos que duelen
y otros que dan vida.
La vida es una disparidad,
como una hoja en blanco:
puede permanecer vacía
o llenarse poco a poco
con nuestros pensamientos.
Y esa hoja me espera,
espera que tome el lápiz
y deje en ella mi vida.
Porque la vida es una hoja en blanco,
y yo debo decidir
con qué llenarla.
Solo hay algo que me asusta:
que esta vez
no existe borrador.