Lo de Aquiles con la flecha quieta en el aire me llevó directo a Zenón de Elea, el griego de las paradojas. Una es la de la flecha: en cada instante está quieta en un punto. Otra es Aquiles corriendo atrás de una tortuga sin alcanzarla nunca. Acá están las dos juntas sin nombrarlas.
La Flecha de Marzo
Pensamiento
Lo de Aquiles con la flecha quieta en el aire me llevó directo a Zenón de Elea, el griego de las paradojas. Una es la de la flecha: en cada instante está quieta en un punto. Otra es Aquiles corriendo atrás de una tortuga sin alcanzarla nunca. Acá están…
Contenido de la publicación
El otoño acababa de empezar y la ciudad tenía esa melancolía suave de marzo, como si el verano todavía permaneciera escondido abajo de los árboles. En el encuentro por la memoria las voces se mezclaban con canciones, lecturas y nombres que regresaban desde lejos. Había algo extraño en el aire esa noche: una sensación de un pasado suspendido, de cosas que siguen respirando en el inconsciente colectivo.
Yo estaba distraído entre la gente cuando pasó cerca mío y me saludó apenas. Después siguió caminando. Pero unos pasos más adelante giró la cara y me miró.
Nada más.
Ni una conversación.
Ni una promesa.
Ni siquiera el presentimiento claro de que algo pudiera empezar ahí.
Y sin embargo, nunca volví a ser exactamente el mismo después de esa noche.
Durante días pensé en esa mirada de una manera absurda, como si hubiese dejado una pequeña luz encendida en algún lugar al que ya no podía dejar de volver. No era solamente ella. Era la sensación extraña de haber sido desplazado apenas unos centímetros de mí mismo.
A veces, el amor empieza así, No, como una certeza ni como un destino, sino como una mínima alteración del mundo. Algo tan pequeño que casi podría confundirse con el azar y que, sin embargo, cambia secretamente la dirección de una vida.
Pienso en eso cada vez que recuerdo aquella noche de marzo. Yo había ido hasta ahí siendo una persona y volví siendo otra. No porque algo hubiera ocurrido realmente, sino porque desde entonces el mundo empezó a respirar de otra manera.
Las calles vacías, ciertas canciones, las luces de la ciudad mientras volvía solo en la moto de madrugada; todo parecía guardar el eco de aquella mirada.
Como si una parte de mí hubiera quedado detenida exactamente ahí.
Por esos días pensé mucho en Aquiles y en la flecha viajando en el aire. No en la herida ni en la caída. Más bien en ese instante anterior al impacto donde todavía todo parece intacto y, sin embargo, algo ya cambió para siempre.
Supongo que enamorarse debe parecerse un poco a eso.
A descubrir, demasiado tarde, que alguien ha alterado para siempre la forma en que uno vuelve a mirar el mundo
Thoughts
-
PermalinkLo de Aquiles con la flecha quieta en el aire me llevó directo a Zenón de Elea, el griego de las paradojas. Una es la de la flecha: en cada instante está quieta en un punto. Otra es Aquiles corriendo atrás de una tortuga sin alcanzarla nunca. Acá están las dos juntas sin nombrarlas.
-
PermalinkLo de Aquiles leído en el instante previo al impacto, no en la herida, cambia todo el cierre. «MANIFIESTO GGM- 100» es un cuento largo narrado por una androide que se asombra ante un beso.
-
PermalinkElla tiene la última palabra en todo esto y ni abrió la boca. Un saludo, un giro de cara, y él se pasa días dándole vueltas en la moto de madrugada. Me gustó mucho que no le pusiera nombre ni le inventara una conversación después, así ella se queda entera en ese segundo. Para mí se lee como una bachata de despecho por alguien que nunca llegó a venir, y eso pesa igual que las otras.
Publicaciones relacionadas
-
💋 AMOR, LUJO Y TRAICIÓN CAPITULOS 3
—Valentina, por favor, escúchame —dijo Esteban Castillo mientras intentaba acercarse a ella.
-
El regreso del rey de Ithaca
Durante veinte años, mi hogar fue apenas un recuerdo. Veinte años de mares interminables, de monstruos, de dioses que jugaron con mi destino y de hombres que tuve que proteger incluso cuando ya no…
-
Narraciones de un pueblo inmerso en la guerra ( Ramos de flores)
Ramos de flores
-
MANIFIESTO GGM- 100
No soy capaz de comprender el valor de la vida, porque no estoy viva. No, al menos, en el sentido práctico que la etimología busca representar. Puedo pensar, puedo ver, reír, y hasta extrañar. Pero…
-
CAPÍTULO IX: HAY QUE PERDONAR PARA SANAR
¿Quién decidió eso?
-
Capítulo VIII: La máscara del éxito
A las seis y treinta de la mañana, Jano era un hombre invulnerable.
-
Capítulo II: Un helado con sabor a tristeza
El olor a pan tostado inundaba la cocina, pero a la casa siempre le faltaba algo. Le faltaba el ruido de los pasos de su madre, el murmullo de la radio encendida por las mañanas y esa luz que solo…
-
CAPÍTULO III: SÉ FUERTE
Eso me dijeron.
El otoño acababa de empezar y la ciudad tenía esa melancolía suave de marzo, como si el verano todavía permaneciera escondido abajo de los árboles. En el encuentro por la memoria las voces se…