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Te reencontré después de tantos años. En realidad te sentí... Mi corazón empezó a galopar, me di vuelta y estabas a mi lado. Tu pelo negro y largo, tu piel blanca, tu cuerpo exacto y tu perfume…
Lo que más me gusta es que, al final, él descubre que no estaba enamorado de ella, sino de lo que había sido cuando estuvo con ella. A veces uno no extraña a una persona: extraña una versión de uno mismo. Y esa escalera mecánica es casi perfecta: mientras
Lo que más me gusta es que, al final, él descubre que no estaba enamorado de ella, sino de lo que había sido cuando estuvo con ella. A veces uno no extraña a una persona: extraña una versión de uno mismo.
Y esa escalera mecánica es casi perfecta: mientras baja, también se va alejando de aquella historia. Tiene la oportunidad de volver, pero decide no hacerlo.
Y entonces llega esa última frase, tan sencilla y tan fuerte:
“Y me fui… a vivir.”
Contenido de la publicación
Te reencontré después de tantos años. En realidad te sentí... Mi corazón empezó a galopar, me di vuelta y estabas a mi lado. Tu pelo negro y largo, tu piel blanca, tu cuerpo exacto y tu perfume dulce. Nada había cambiado y, sin embargo, éramos otros. El tiempo es un tirano.
Amores que murieron, no hay que resucitarlos. Amores que dolieron, nunca dejan de hacerlo. Amores que acabaron, por algo lo hicieron. Nunca hay que volver... a amores que no terminaron bien.
Empezamos a bajar por la escalera mecánica y te paraste frente a mí. Tenía segundos para hablarte o devolverte al olvido... Fui tan feliz a tu lado: escucharte reír y que llenaras de luz mi corazón, a la oscuridad acostumbrado.
Leer un libro acostados, escuchar música con los ojos cerrados y volar al paraíso de tu mano.
La escalera seguía bajando, los segundos pasando. Quiero tocarte el hombro y ver si te acuerdas de mí o no...
Amores que murieron, no hay que resucitarlos. Amores que dolieron, nunca dejan de hacerlo. Amores que terminaron, por algo lo hicieron. Nunca hay que volver a amores que no terminaron bien.
La escalera terminó de bajar y me quedé parado, viendo cómo volvías al pasado. Cerré los ojos para descifrar lo que estaba sintiendo y no fue amor... Melancolía... soledad... nostalgia de lo que nunca pasó ni pasará... y nada más.
Amores que murieron, no hay que resucitarlos. Amores que dolieron, nunca dejan de hacerlo. Amores que terminaron, por algo lo hicieron. Nunca hay que volver a amores que no terminaron bien.
Lo que más me gusta es que, al final, él descubre que no estaba enamorado de ella, sino de lo que había sido cuando estuvo con ella. A veces uno no extraña a una persona: extraña una versión de uno mismo.
Y esa escalera mecánica es casi perfecta: mientras baja, también se va alejando de aquella historia. Tiene la oportunidad de volver, pero decide no hacerlo.
Y entonces llega esa última frase, tan sencilla y tan fuerte:
¿Cómo voy a hacer para vivir sin miedo? Siempre tener algo implica un riesgo. Ser libre significa no tener ni tiempo, si nadie te espera, ¿para qué vivir corriendo?
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