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La Cacería

Hermes

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Capítulo 17

No se toleraba. Parecía un adolescente, pero no podía sacarse la mina de la cabeza. Desde que la había visto estaba así, nervioso, intranquilo, intolerante. Toda su vida habla mantenido el esquema "las minas y el laburo no se mezclan" El amor no había sido mucho más que una necesidad que se evacuaba de tanto en tanto. Pero esta mina lo tenía mal, muy mal. Necesitaba verla, estar con ella, sentir el calor de su piel, tocar su pelo, apretarla, besarla, hacerle el amor, poseerla, que no era lo mismo. No se soportaba. Era mejor no verla entonces, olvidarla. Meterse en el trabajo. Todo lo que necesitaba estaba en las carpetas.

Pero no podía, se le erizaba la piel con solo imaginarla. Siempre había sido sereno y claro; ahora estaba perdido, alterado, confundido

Lo único que podía hacer para sacársela de encima era despejarla, como una bruma, como una ecuación, y eso no se logra sino enfrentándola. Era la solución, la única solución.

Tal vez hasta resultaría mejor para el trabajo ganarse su confianza, su ternura, su ceguera. Total, una vez realizado, a otra cosa. Sí, la llamaría, y pasado el encanto sería simplemente una mujer.

Sin darse cuenta había caminado las cuadras que lo separaban del bar.

Miró desde el umbral hasta que en el rincón, junto a una ventana, los vio. Se acercó despacio, los dos hombres charlaban sin advertirlo. Solo cuando estuvo a unos pasos de ellos el más corpulento levantó la cabeza con sorpresa.

-  Hola, ¿cómo están? - dijo, extrañamente amable, Federico.

-  ¿Qué hacés acá?- dijo el otro girando la cabeza.

-  Buscándolos

- ¿Cómo nos encontraste?

 - Les dije la otra vez que yo los ubicaba. Acá estoy - dijo sonriendo despreocupadamente, mientras se sentaba.

  - Ahora no podemos hablar Estamos ocupados con otra gente - replicó, nervioso, el Buitre

- Por mí no se preocupen. Yo espero - susurró Federico

- No, no podés quedarte. Es una conversación privada y vos estás de más. Así que adiós. Después nos vemos y hablamos.

-No.- comenzó a decir Federico, cuando vio salir del baño a un hombre de mediana estatura, con el estómago naciendo desde el pecho y la cabeza embutida entre los hombros.

- ¡Federico!- dijo exultante, abriendo los brazos, la figura.

- ¿Qué hacés, Pablo?

- Acá ando, con unos amigos - señalando a los otros dos - Che, fuiste a ver a la sueca? ¿Viste que hembrón?

Federico sintió un deseo casi incontenible de partirle la cara de una trompada, pero se contuvo. Se sintió molesto, ultrajado, cornudo. No toleraba que este batracio infernal hablara así de Magdalena. (Ya la llamás Magdalena...)

Si, fui - respondió parco, con la sonrisa dibujada que lo acompañaba desde que entró al bar

- ¿Todo bien?

- Sí, ningún problema. Ya estoy adentro.- respondió elíptico Federico.

-Bueno, me alegro, eso es mejor que andar escribiendo novelitas -contestó Barraza desde el borde de la mesa despidiéndose. - Luego los veo - les dijo a los otros dos - pero en principio quedamos así.

-OK.- respondieron a dúo.

Le dio la mano a Federico y comenzó a caminar lentamente por entre las mesas. Desde el medio del salón se volvió y dirigiéndose a Federico le dijo:

-"Cuidado con las lobas, Fede. A ver si te cagan el trabajo"

- El trabajo no me lo cagués vos, llenándole la cabeza a Lucas con...

-Shsss, ya vamos a hablar de eso Fede...- advirtió el Sapo mientras se alejaba.

- ¿Lo conocés a Barraza?- preguntó el Buitre.

 -Sí, es un viejo amigo. Por él estoy en la legación de la Academia Sueca. Así que pueden ahorrarse los informes que les pedí sobre el concurso. Del resto, ¿qué tienen?

- ¿El también está en el negocio?

- Ese es un problema mío. Ustedes no se preocupen, que si cumplen, su parte está garantizada.

- Bueno, vos sabés lo que hacés, pero te prevengo, si está ése, tené cuidado. No por vos, sino porque no nos gusta trabajar sin sentido.

- Dejen los consejos para los curas y las hermanitas de la caridad y díganme qué consiguieron.

- Si vos ya estás en la legación, nosotros nos despreocupamos. En cuanto a los fierros, te conseguimos dos Uzi, un par de Itacas y tres nueve milímetros.

-¿Cómo vienen?

- Sucios.

-¿Cargas?

- Dos cargadores para cada una de las metras y diez cartuchos para la escopeta. El resto conseguilo vos.

- ¿Vehículos?

- Un VW y un Renault con las patentes cambiadas... ¿Dónde nos juntamos con nuestra parte?

- No te apures. Antes necesito que me consigas granadas. Por lo menos una docena.

- ¿Estás loco? ¿Para qué mierda querés tantas?

-Problema mío. Ustedes sólo consíganlas. En cuanto a su parte no se preocupen. Una semana después y si todo está bien, les hago llegar la llave de la caja de seguridad del Banco donde la van a encontrar

- Está bien. ¿Cuándo nos vemos?

- Consíganme lo que les pedí. Tengan preparados los fierros y los vehículos, que la próxima vez que nos veamos me los llevo. Lo demás corre por mi cuenta.

Se levantó, se acomodó lentamente el saco, y salió. En la calle, respiró. Magdalena...

Thoughts

  • tomi_8

    Barraza tirándole lo de andar escribiendo novelitas justo al irse es una chicana re armada, y Federico se la come callado. Posta que esa le pica más que lo de la sueca.

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  • aponte68

    Doce granadas, dos Uzi y patentes cambiadas, y todo alrededor de una legación de la Academia Sueca. Para plata sola sobran granadas. Apuesto a que Federico quiere que se oiga en todo el mundo.

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