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A los catorce, mirar más allá

JoaMarAl

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Capítulo 13: El monte misionero era mi mundo entero, pero en el pecho de aquel adolescente ardía la inquietud de conocer qué había más allá del horizonte conocido. En este capítulo relato mi primera salida temporal hacia Bella Vista y los meses de trabajo en Robin Park, una experiencia que me mostró la dureza del desarraigo y me preparó para las grandes migraciones que vendrían.


A los catorce años empecé a descubrir que el mundo podía ser mucho más grande que las calles que conocía.


Hasta entonces, mi vida había estado muy ligada a Dos de Mayo. Allí estaban mi madre, mis hermanos, la escuela, los vecinos, los caminos de tierra y todo aquello que formaba mi universo cotidiano.


Pero llegó un momento en que apareció dentro de mí una necesidad diferente: quería conocer otros lugares, trabajar y experimentar por mí mismo lo que había más allá de mi pueblo.


No fue una decisión tomada desde la comodidad.


Yo era todavía muy joven.


Sin embargo, tenía una característica que con los años seguiría acompañándome: no me conformaba fácilmente con quedarme esperando que las cosas sucedieran. Quería moverme, buscar, aprender y descubrir qué podía hacer con mis propias manos.


Fue así como, teniendo catorce años, me fui hasta Bella Vista.


Ese viaje significó mucho para mí porque representó una de mis primeras experiencias de independencia.


Bella Vista era otro mundo comparado con el lugar donde había crecido. Después pasé por Jardín América y terminé llegando a un lugar llamado Robin Park.


Allí conocí a Nolo y a su esposa, doña Piru.


Ellos fueron parte de aquella etapa.


Me quedé trabajando allí durante aproximadamente dos meses.


Puede parecer poco tiempo cuando uno lo mira desde el presente, pero para un muchacho de catorce años significó muchísimo.


Por primera vez estaba lejos de mi casa, de mi madre y de mis hermanos, teniendo que desenvolverme en un ambiente diferente.


Aquella experiencia me permitió conocer lo que significaba trabajar y asumir responsabilidades siendo todavía muy joven.


No tenía las certezas que puede tener un adulto.


Estaba aprendiendo.


Y quizá esa sea la palabra que mejor describe aquellos años: aprender.


Aprender a trabajar.


Aprender a relacionarme con otras personas.


Aprender a moverme fuera de mi lugar conocido.


Aprender que la vida también podía construirse buscando oportunidades.


Dos meses que dejaron una enseñanza


Durante esos dos meses en Robin Park fui adquiriendo una experiencia que no se podía aprender solamente en la escuela.


El trabajo tenía sus propias enseñanzas.


Había que cumplir, responder y hacerse cargo de lo que uno tenía que hacer.


Yo todavía era un adolescente, pero aquella experiencia comenzó a mostrarme una realidad que después conocería muchas veces: nadie construye un camino solamente con deseos.


Hay que trabajar para conseguirlo.


Aquella idea quedó dentro de mí.


Más adelante tendría muchos trabajos diferentes. Haría changas, trabajaría en Buenos Aires, sería cartero, enseñaría guitarra y terminaría entrando en el mundo de la radio y la comunicación.


Pero mucho antes de todo eso ya había empezado a entender el valor del trabajo.


No fue una enseñanza de un libro.


La aprendí viviéndola.


Mirar más allá


También aprendí algo sobre mí mismo.


Descubrí que podía alejarme de mi casa y enfrentar una experiencia diferente.


Eso no significa que no extrañara a mi familia.


Dos de Mayo seguía siendo mi lugar.


Pero empezar a conocer otros puntos de Misiones me permitió comprender que había un mundo mucho más grande esperando detrás de lo conocido.


A los catorce años uno todavía no tiene una visión completa del futuro.


Yo tampoco la tenía.


No sabía que años después viajaría definitivamente a Buenos Aires. No sabía que viviría allí durante más de tres décadas. No sabía que estudiaría guitarra hasta recibirme de profesor, que tendría una familia, que trabajaría en diferentes actividades ni que terminaría regresando a Dos de Mayo para dedicarme nuevamente a la comunicación.


Todo eso estaba muy lejos.


En aquel momento solamente existía una experiencia concreta: un adolescente que había salido de su pueblo para trabajar y conocer otra realidad.


Pero algunas decisiones pequeñas terminan preparando caminos grandes.


Volver


Después de aproximadamente dos meses, aquella etapa terminó y regresé.


Volver a Dos de Mayo también fue parte de la experiencia.


Había salido siendo un muchacho que conocía principalmente su propio entorno y regresaba con algo nuevo: había comprobado que podía desenvolverse fuera de casa.


Eso fortaleció mi deseo de seguir buscando oportunidades.


Todavía faltaban algunos años para que llegara Buenos Aires. Antes tendría que atravesar otras experiencias, otros trabajos y otras decisiones.


Pero aquel viaje a Bella Vista, el paso por Jardín América y el tiempo en Robin Park quedaron como una de las primeras señales de que mi vida no iba a desarrollarse solamente dentro de los límites del lugar donde había nacido.


Dos de Mayo sería siempre mi raíz.


Pero empezaba a mirar más allá.


La independencia que llega temprano


Cuando hoy pienso en aquel adolescente de catorce años, no lo veo como alguien que tuviera todo resuelto.


Era un chico aprendiendo.


Pero había algo que comenzaba a crecer: la voluntad de salir adelante.


La vida me enseñaría después que la independencia tiene un precio. Significa tomar decisiones, equivocarse, asumir consecuencias y volver a empezar cuando sea necesario.


Yo todavía no conocía esa parte de la historia.


Solo estaba dando mis primeros pasos.


Dos meses en Bella Vista no cambiaron mi vida de un día para otro. Pero me dieron una experiencia que quedó incorporada a mi manera de enfrentar los años siguientes.


Aprendí que podía salir de lo conocido.


Aprendí que podía trabajar.


Aprendí que podía buscar una oportunidad.


Y, sobre todo, comencé a entender que el futuro no siempre aparece delante de nosotros como un camino marcado. Muchas veces hay que salir a buscarlo.


Yo todavía no sabía hacia dónde iba.


Pero ya había comenzado a caminar.

Thoughts

  • melisaenlacola

    Catorce años, no manches.

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  • salmos23

    Nolo y doña Piru aparecen en una sola línea, y apuesto a que pesaron más de lo que dice el capítulo. A un muchacho de catorce que llega solo a Robin Park alguien le tuvo que dar de comer, decirle a qué hora se empieza y llamarle la atención cuando hacía falta. Mi mamá decía que a los que se van temprano los crían dos casas, la propia y la que los recibe. ¿Los volviste a ver después de esos dos meses?

    Permalink
  • dosdecadas

    Dos meses lejos a los catorce. Apuesto a que tu madre contó cada uno de esos días más que vos.

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  • JoaMarAl

    Quiero agradecer a todos los que leen mi autobiografia y pedirles que si le gustó si le fue de bendicion no dejen de compartirla. Desde ya Muchas gracias!

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    Biografía y Testimonio Cristiano

    Joaquín Marcelino Álvarez

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