Huper albergaba un profundo rencor en su pecho; le resultaba insoportable la dicha de Xor y Yepuniku. Por ello, resolvió capturar a la diosa para convertirla en su prisionera. Se ungió con una sustancia de su propia invención para burlar el olfato de los perros infernales; además, gracias a su facultad de transmutación, adoptó el aspecto de un Mugue, "parecido al pavo", un ave fantástica de plumaje superior en gracia al pavo real, veloz en el vuelo, insólita y poco conocida. Desde la azotea de su palacio, alzó el vuelo con rumbo a Ijokoha.
Al arribar, se posó en las ramas de un árbol contiguo a la morada del soberano, aguardando el instante idóneo. En ese momento, Juvuxu permanecía en el templo, Xor y Vako habían partido en busca de provisiones, y Ñezi recolectaba agua. El traidor comenzó a modular un canto para atraer la atención de la deidad; ella se asomó por el ventanal y divisó al espléndido animal. Al intuir que se trataba de Huper, abandonó la vivienda. El transmutado se aproximó portando un frasco en el pico y le ordenó:
—Debes pagar por la salvación de tu señor; rocíate este brebaje y sígueme.
Así lo hizo Yepuniku. Huper la apartó de la vivienda y un piojo cayó de sus plumas; era un demonio que de antemano había disipado su olor y adoptó el aspecto de una planta. El ave aumentó su tamaño, devoró a la deidad, ascendió al cielo y se marchó.
Cuando Ñezi regresó con el agua, no encontró a Yepuniku; de inmediato, adoptó su forma de perro demonio y recorrió el bosque, confundida al no hallar su rastro. Huper condujo a la prisionera a un paraje oculto, denominado Qavukoze, "la morada del diablo".
Xor y Vako retornaron al hogar y notaron la ausencia de las diosas; el guardián se transformó en bestia, el soberano montó en su lomo y, guiados por el olfato, ubicaron a Ñezi. No obstante, ella desconocía el paradero de la divinidad. La comitiva continuó con la búsqueda hasta toparse con el demonio transmutado en vegetal, quien mintió:
—Gran dios, Yepuniku te ha dejado un mensaje: ella se fue por su propia voluntad, renunció a tu servicio y se puso en libertad debido al rechazo de su amor. Se marchó lejos; desconozco su ubicación.
Xor, al recordar el día en que la rechazó, la dejó marchar. Les pidió a sus acompañantes que regresaran al hogar, y todos lloraron por su partida.
Qavukoze era una antigua torre custodiada por el demonio Yuzibu, "el que tiene dos cabezas". Huper sujetó del cabello a Yepuniku, la golpeó, llamó al guardián y le ordenó:
—Llévala a una celda; la vigilarás durante el día y la noche.
El monstruo poseía dicha facultad: mientras una cabeza vigilaba, la otra descansaba. Condujo a la víctima a una celda subterránea y encadenó su cuerpo ensangrentado.
Luego, Huper descendió y, aprovechando la total vulnerabilidad de la deidad cautiva, le dañó la matriz para asegurarse de que jamás tuviera descendencia.
La diosa soñaba con una vida junto a su señor y con concebir un hijo; su corazón estaba destrozado. El tramposo subió a la azotea, adoptó nuevamente el aspecto de un Mugue y se marchó a su palacio, donde lo esperaba su esposa.