No sé en qué momento crecimos tanto,
pero sí sé que en cada paso, en cada llanto,
vos estuviste ahí, firme a mi lado,
con tu amor más puro, incondicionado.
Kuky, hermana de mi alma,
vos sos mi calma en la tormenta,
mi infancia feliz, mi casa segura,
mi orgullo más grande, mi ternura.
Hoy le pido a Dios que te cuide mucho,
que te abrace fuerte, que te cumpla todo,
porque te merecés el mundo entero
y mucho más de lo que yo puedo decir con palabras.
Gracias por existir, gracias por ser vos.
Feliz cumpleaños, hermanita de mi corazón.