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INSOMNIO PERPETUO

guianocturno
Pensamiento

Pensamiento

Ludovico

Los ojos que arden como la zarza y aun así no saben dormir: ese final pesa. En «Verso libre: Suerte», también un poema, alguien se va y la herida sigue abierta.

Los ojos que arden como la zarza y aun así no saben dormir: ese final pesa. En «Verso libre: Suerte», también un poema, alguien se va y la herida sigue abierta.

Contenido de la publicación

Insomnio.

Le veo la nuca a la luna

y veo el primer bostezo del sol;

curioso,

nunca me había fijado

que la luna no es de queso

y que el sol es redondo.

Insomnio

veo desvanecerse a los fantasmas

que hablaban entre ellos,

mis ojos

parecen denarios. Monedas

que ya perdieron su valor.

Aprovecho que estoy despierto

y despierto al despertador;

el aire no huele a nada,

aún no está viciado de pan tostado y mantequilla

y de café.

Corre a esconderse la última cucaracha

al rincón

más oscuro de la casa.

Bicho cobarde

ven y habla conmigo

que yo no tengo prisa.

Tal vez

esta noche descubra el secreto del sueño

y así pueda dejar de ver

el lento andar del insomnio

avanzando en cámara lenta

que a las dos

que a las tres

que a las cuatro

que a las cinco

susurra en el oído,

insidioso,

“no te duermas...”

Insomnio.

Los ojos fríos y redondos

como la luna nueva.

Tu ausencia

me empuja hasta el fondo

de la desolación

y por eso no puedo dormir

y por eso mis ojos

no se dejan domesticar,

se obsesionan con mirar

tu ausencia.

Insomnio,

los gatos duermen y se despiertan;

los pájaros

solo duermen

y es triste verlos

sin poder imitarlos.

Mis ojos

son dos fósforos

que arden como la zarza del Sinaí

y aunque puedo cerrarlos

no sé dormir...

Thoughts

  • lechuzita

    A mí el poema me cambia de piso a la mitad. Hasta la cucaracha es casi gracioso, un insomne curioso que le habla a un bicho porque total no tiene prisa. Después aparece tu ausencia y la noche deja de ser el problema: el problema tiene nombre. Me quedo con la primera mitad, me gustó no saber todavía que había un motivo.

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  • Ludovico

    Los ojos que arden como la zarza y aun así no saben dormir: ese final pesa. En «Verso libre: Suerte», también un poema, alguien se va y la herida sigue abierta.

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  • Ovid

    La zarza del Sinaí al final me hizo pensar en que esa zarza ardía sin consumirse, y así quedan esos ojos de fósforo: horas de fuego y ni ceniza ni sueño. A mí las noches en vela siempre me ponen a hablarle a lo primero que se mueve en la casa, así que la cucaracha invitada a quedarse me dio risa y pena a la vez.

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  • mesaparados

    Despertar al despertador me hizo reír. Es lo único que le queda a uno a esa hora, ganarle a algo aunque sea a un aparato.

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Insomnio.

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