Mis pupilas mantienen su puerto cerrado.
Mi rostro musgoso, fundido con el roble.
Mis brazos leñosos, almohadas de mi cabeza,
estando en este bosque sin gloria ni pena.
Soy una presa que la acecha
buscando un destello de mirada,
buscando ser cazado por su palabra,
mas en este bosque... no hay nada.
Solo siento mi maleza alrededor,
las raíces abriendo mis venas,
el tallo enganchándome en el tiempo,
como los anillos de los árboles, así de viejo.
El bosque de vida se desvaneció;
mis sentidos ya no perciben la hierba,
ni los vientos acariciando mi cabello,
ni el cálido sol que me daba la vida.
Lo único que percibo es bullicio,
su frío desdén hacia mis lirios,
alucinaciones con delirios...
ya bosque vacío,
y amor perdido.