La doctora estaba recibiendo todos los informes de las investigaciones.
Cada revelación podía ser una pieza fundamental para desarrollar un antídoto contra cualquier organismo, parásito o gusano que pudiera estar involucrado.
Las reuniones de equipo se sucedían una tras otra. Mientras algunos grupos descansaban y se reponían del agotamiento del laboratorio, otros comían copiosamente. La doctora, en cambio, observaba algunas sustancias químicas, intentando descubrir qué nueva idea podía surgir de aquella virtuosa cabeza.
Hasta que recibió una llamada desde el bar donde había buscado información sobre la infección de Shaya.
—¿La doctora?
Era el barman.
—Sí, ¿qué sucede?
—Tiene que venir con un equipo. No sé qué estoy viendo, pero hay una sustancia extraña en el piso.
—¿Una sustancia?
—Sí. Al principio pensamos que simplemente se había caído algo, ya sabe, de las botellas. Pero cuando mi empleado quiso limpiarla con un trapo... el trapo se pudrió. Nos asustamos. Entonces recordé que usted estaba buscando un virus o una bacteria y pensé en llamarla.
La doctora se puso seria.
—Quédese tranquilo. No toque nada. Aléjense del lugar y permanezcan afuera, por las dudas.
La doctora eligió a dos clones que ya habían descansado y estaban listos para acompañarla. Por seguridad, llevaron también el equipo necesario para manipular la sustancia.
Cuando llegaron al bar, la doctora examinó cuidadosamente aquella extraña formación.
—Eso es una especie de ameba... enorme. Debe medir unos cincuenta centímetros.
Uno de los ayudantes tomó unas pinzas e intentó introducir la criatura en un frasco.
Apenas entró en contacto con el recipiente, la temperatura del organismo aumentó violentamente.
¡PUM!
El vidrio estalló.
El ayudante se sobresaltó y se alejó.
—¡Ja! Esta es una criatura...
Uno de los clones se acercó para observarla mejor.
De repente, se quedó paralizado.
—Doctora...
—¿Qué?
El clon señaló la criatura.
—Eso es un PUNPS bebé.
Todos se quedaron mirando.
—¿Qué dijeron?
—Sí, lo sé —respondió la doctora—. Pero ¿qué hace acá?
El clon examinó el lugar.
—Si hay un bebé, hay una madre cerca.
Se movió sigilosamente entre las mesas.
—Acá está, doc.
La doctora giró.
Una figura permanecía oculta cerca de la pared.
Era la madre PUNPS.
—No nos maten, doctora —dijo la criatura—. Busco a mi marido. Sé que él quiso ayudarla.
La doctora la observó con atención.
—¿Y usted cómo sabe eso?
—Porque lo escuché cuando dijo que pasaría por el bar. Vine para advertirle.
La doctora comprendió inmediatamente.
—Alguien infectó a Shaya.
—Sí, lo sé.
La madre PUNPS bajó la cabeza.
—Sé que piensan que fue mi marido.
La doctora no dudó.
—Si fue él, queda arrestada. Sus terroristas biológicos no son bienvenidos.
Los dos PUNPS se miraron.
—Se van a hacer mutua compañía —dijo la doctora.
Los PUNPS fueron capturados y trasladados al laboratorio. Por suerte, el plástico utilizado para contenerlos resistió y no lograron romperlo ni calentarlo.
Una vez en el laboratorio, los colocaron en el mismo cubículo.
La doctora se quedó observándolos durante unos segundos.
—¿Estás aburrido, PUNPS? Ahora tenés otros presos para compartir.
En ese momento, alguien apareció corriendo por el pasillo.
—¡Doctora! ¡El emisario Kinki llegó!
La doctora se acomodó el cabello y sonrió.
—¡A ponerse lindos, que tenemos visita!